Dos de cada tres argentinos se quedan sin dinero antes del día 20 de cada mes y apenas el 9,8% logra ahorrar. El dato surge del Monitor de Opinión Pública (MOP), elaborado por Zentrix Consultora, que expuso las dificultades de los hogares para cubrir sus gastos cotidianos y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.
El relevamiento también reveló que el 56,2% de los encuestados recurrió a algún tipo de crédito o deuda durante los últimos seis meses para afrontar sus compromisos económicos. Además, el 81,8% considera que sus ingresos pierden frente a la inflación, una percepción que se mantiene elevada desde marzo.
La situación es aún más complicada entre los menores de 40 años: el 72% se queda sin dinero antes del día 20, el 60,9% se endeudó durante el último semestre y solo el 3% consigue ahorrar. En este grupo, el 69,1% tiene una mirada negativa sobre la situación económica del país.
El informe advirtió que el crédito se utiliza cada vez más para cubrir necesidades básicas. Entre quienes se endeudaron, el 55,1% destinó los recursos a comprar alimentos y afrontar gastos de salud, mientras que el 21,3% los utilizó para pagar tarifas y servicios públicos. Apenas el 11,8% recurrió al financiamiento para adquirir bienes durables.
Las diferencias por nivel socioeconómico también son marcadas. En la clase baja, el 83,3% agota sus recursos antes del día 20 y solo el 0,9% tiene capacidad de ahorro. En la clase media, el 51,4% no logra sostener sus ingresos hasta fin de mes. En contraste, entre los sectores de mayores ingresos, el 61,9% consigue ahorrar y el 63,4% de quienes se endeudaron lo hizo para comprar bienes durables.
Ante este escenario, el 67% considera que el Estado debe intervenir frente al crecimiento del endeudamiento de los hogares. El 61,3% apoya una regulación más estricta de las condiciones para otorgar créditos, el 23,6% propone refinanciar las deudas mediante el Banco Central y solo el 7,5% respalda la condonación de obligaciones por ley. Desde Zentrix advirtieron que el uso de deuda para cubrir gastos corrientes puede generar un círculo difícil de romper y convertir la morosidad en un riesgo estructural para las familias.