l presidente argentino Javier Milei habló en el Foro Económico de Davos, ante un auditorio integrado por líderes políticos, ejecutivos de grandes compañías, banqueros, inversores y referentes de organismos internacionales.
La presentación del mandatario se dio en el marco de una agenda cargada de encuentros bilaterales y reuniones con directivos de empresas y entidades financieras, en una de las principales citas globales del debate económico y geopolítico.
Tal cual estaba previsto, Milei ratificó su alineamiento estratégico con los Estados Unidos, expresó su respaldo a Israel y al Consejo de la Paz (Board of Peace) impulsado por la administración estadounidense, y cuestionó a la denominada agenda “woke” y a los movimientos de izquierda. El discurso, que tuvo una duración de 30 minutos, y se inscribió en la línea que el Presidente viene sosteniendo en foros internacionales desde el inicio de su gestión.
Tras el discurso del presidente estadounidense, el mandatario argentino, Javier Milei, comenzó su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos 2026.
Al referirse al capital humano y las políticas sociales, el mandatario elogió la gestión de la ministra Sandra Pettovello. Sostuvo que Argentina cambió el paradigma de la asistencia a los sectores vulnerables, abandonando el «asistencialismo tradicional» para fomentar la autonomía individual.
«A los sectores vulnerables hemos dejado de regalarles el pescado para enseñarles a pescar», sentenció. Agregó que el objetivo final es motivar a esas personas para que creen sus propias empresas, vinculando el progreso económico con el desarrollo de capacidades desde la infancia y la salud nutricional.
Hacia el final de su discurso, el jefe de Estado apeló a una analogía religiosa citando la Parashá de la semana sobre Moisés y el Faraón. Comparó al Estado opresor con el soberano egipcio y advirtió que la negación de la libertad solo conduce a la oscuridad y la decadencia, tal como ocurrió con las plagas.
Cerró su intervención con un mensaje de optimismo, asegurando que 2026 es el año del «despertar del mundo». Afirmó que América es hoy el faro de luz para Occidente frente al avance del socialismo y el «wokismo», e instó a los líderes mundiales a volver a las raíces de la libertad para garantizar un futuro de prosperidad.
El Presidente destacó la labor de Federico Sturzenegger y señaló que su gestión logró implementar 13.500 reformas estructurales destinadas a «extirpar las trabas» que impedían el crecimiento económico y que permitieron bajar la pobreza del 57% al 27%.
Explicó que su política se inspira en el gráfico de «palo de hockey» de la economía mundial, donde la riqueza se disparó a partir de la Revolución Industrial. Advirtió que regular los mercados concentrados es «matar el crecimiento», ya que se castiga a quienes alcanzaron esa posición mediante el descubrimiento y la innovación empresarial.
En un tramo dedicado a la tecnología, Milei comparó a la Inteligencia Artificial con la famosa «fábrica de alfileres» de Adam Smith. La definió como un potenciador de rendimientos que multiplicará el bienestar global, siempre y cuando los gobiernos no pongan trabas a su desarrollo.
A su vez, envió un mensaje directo a la clase política mundial: «Deben dejar de fastidiar a quienes están haciendo un mundo mejor», advirtió. Además, desestimó los temores sobre escenarios distópicos asociados a la IA, calificándolos de «tonterías» y asegurando que el límite de su expansión lo dará el tamaño del mercado y los recursos financieros reales.
El mandatario definió al liberalismo basándose en la premisa de Alberto Benegas Lynch (hijo) sobre el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo. En ese sentido, recurrió a la figura de Ulpiano y el derecho romano para sostener que el capitalismo es el único sistema justo, ya que se basa en la voluntad de otorgar a cada quien lo suyo a través de la propiedad y el intercambio voluntario.
Afirmó que cualquier desviación de estas reglas, bajo la excusa de la redistribución, implica un ataque a los derechos naturales. Para el Presidente, la protección de la integridad física de la propiedad es lo que garantiza que cada individuo realice el mayor esfuerzo productivo posible, beneficiando así a toda la sociedad.