El debate sobre la eficacia real de los radares para prevenir siniestros viales volvió al centro de la escena en Misiones luego de que el Consejo Provincial de Seguridad Vial precisara la cantidad de dispositivos en funcionamiento y los protocolos de instalación. En la provincia existen actualmente 21 radares fijos y seis móviles autorizados por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y homologados por el INTI, según confirmó el titular del organismo, Juan Carlos Cuenca.
Sin embargo, pese al avance de la tecnología y los esfuerzos por reforzar el control, crecen las voces críticas de conductores y transportistas que sostienen que, más que prevenir, los radares “sorprenden” al conductor y generan maniobras bruscas, sobre todo en rutas de alto tránsito como la 12 y la 14, donde los cambios de velocidad máxima son frecuentes y, en algunos tramos, mal señalizados o directamente sin cartelería visible.
Entre la prevención y la percepción de “recaudación”
En teoría, los radares cumplen un rol esencial en la seguridad vial: disuaden el exceso de velocidad, uno de los principales factores de riesgo en siniestros graves. La instalación de estos equipos, explican desde el Consejo, responde a estudios técnicos que determinan puntos de alto riesgo -zonas urbanas, cruces escolares o accesos a localidades- donde la velocidad excesiva incrementa la posibilidad de atropellos o choques frontales.
“Quien circula dentro de los límites no tiene inconvenientes; el control apunta a los excesos, sobre todo en zonas pobladas”, afirmó Cuenca, quien también reconoció que hay casos de carteles dañados o desplazados. “La señalización debe cumplirse, y su ausencia puede ser motivo de descargo; destruir señalización es un delito”, aclaró.
Pese a eso, el malestar de los usuarios persiste. Transportistas y choferes de larga distancia aseguran que en varios tramos de la ruta 12 y la 14 deben frenar de golpe ante radares mal anunciados, lo que genera riesgos adicionales. “Vamos a 100 km/h por un tramo permitido, y de pronto aparece un cartel de 60 o un radar fijo sin aviso claro. Frenar con carga no es simple”, señalaron algunos conductores consultados.
Las rutas 12 y 14, dos escenarios distintos
La Ruta Nacional 12, que conecta Posadas con Iguazú, concentra la mayor cantidad de radares fijos de Misiones. Es un corredor turístico y comercial, con tramos que alternan zonas urbanas y rurales. Allí, el exceso de velocidad en cercanías a Garupá, Candelaria, Jardín América o Puerto Rico ha sido históricamente una de las principales causas de siniestros, especialmente con motociclistas y peatones. En esos sectores, la instalación de radares sí mostró una reducción sostenida de accidentes graves, según datos del Observatorio Vial provincial.
La Ruta Nacional 14, en cambio, presenta otro desafío: largas rectas, tránsito pesado y zonas donde las condiciones climáticas reducen la visibilidad. En este corredor, los radares móviles se ubican de manera rotativa. Si bien el control ayuda a moderar la velocidad, los transportistas sostienen que la variabilidad de límites -de 110 a 80 o 60 km/h en pocos metros- obliga a frenadas abruptas que, en caravanas de camiones o micros, pueden derivar en choques por alcance.
Un sistema que requiere confianza
La instalación de radares en Misiones sigue protocolos estrictos que involucran al INTI, la ANSV y Vialidad Nacional, y que pueden demorar hasta dos años. No obstante, la legitimidad del sistema depende tanto de la transparencia como de la comunicación clara con los usuarios. Cuenca adelantó que la Provincia publicará en los próximos días el listado oficial de radares en funcionamiento, con ubicación y tipo de equipo, en la página del Observatorio Vial.
Mientras tanto, el desafío sigue siendo lograr el equilibrio entre control efectivo y seguridad real, sin caer en la percepción de que los radares son solo una herramienta de recaudación. “Informar es clave para prevenir y para ejercer los derechos cuando corresponde”, concluyó Cuenca.
