Crecen las quejas en Posadas por la reducción de frecuencias de colectivos en días de lluvia

8 de abril de 2026

Cada vez que llueve en Posadas, viajar en colectivo se convierte en una odisea. Usuarios del transporte urbano volvieron a expresar su malestar por la reducción de frecuencias en días de mal clima, apuntando directamente contra las empresas Don Casimiro, Tipoka y San José. La postal se repite: paradas llenas, demoras eternas y pasajeros que no saben a qué hora van a poder llegar a destino.

La situación explotó ayer, cuando muchas personas aseguraron haber esperado más de una hora para poder subir a una unidad. “Es indignante, uno sale con tiempo y termina llegando tarde igual. No puede ser que desaparezcan los coches cuando más se los necesita”, relató una vecina del centro. En distintos barrios, el panorama fue similar, con largas filas bajo la lluvia y colectivos que pasaban completos sin detenerse.

A esto se suma otro dato que enoja aún más: durante este ciclo lectivo el servicio funciona con menos unidades que el año pasado, lo que impacta de lleno en la frecuencia y en la calidad del traslado. “Antes, con clases, había más movimiento de coches. Ahora es al revés, hay menos y viajamos peor”, comentó un estudiante que depende del servicio todos los días.

Entre los usuarios crece la sensación de abandono y falta de control. “Las empresas hacen lo que quieren y la Municipalidad mira para otro lado”, lanzó un trabajador que aguardaba en una parada céntrica. El reclamo se repite en redes sociales y en la calle, donde la paciencia parece agotarse frente a un problema que no es nuevo pero que se vuelve más evidente con cada jornada de lluvia.

Desde las compañías, por su parte, sostienen que existe una merma en la cantidad de pasajeros y que eso obliga a reducir la circulación de unidades. Sin embargo, esa explicación genera rechazo entre los usuarios, que aseguran que la demanda sigue siendo alta, sobre todo en horarios pico y durante el período escolar.

Mientras tanto, el malestar sigue creciendo y deja al descubierto una tensión cada vez más fuerte entre quienes dependen del servicio y quienes lo administran. Porque cuando el clima empeora, lo que debería ser una solución termina convirtiéndose en un problema más para los posadeños.