Locro: la historia de la tradicional comida de las fechas patrias en Argentina

9 de julio de 2026

Cada 25 de Mayo y 9 de Julio, el locro vuelve a ocupar un lugar central en las mesas argentinas. Considerado uno de los platos más representativos de la gastronomía nacional, su preparación reúne a familias, amigos e instituciones en torno a una tradición que combina historia, cultura y costumbres populares.

Aunque hoy está estrechamente vinculado a las celebraciones patrias, sus orígenes son mucho más antiguos. El locro nació en tiempos prehispánicos y era una comida habitual de los pueblos andinos, especialmente en regiones que formaban parte del antiguo Imperio Inca, en territorios que actualmente corresponden a Bolivia y al norte argentino.

El nombre del plato proviene del término quechua “ruqru”, utilizado para identificar distintos tipos de guisos elaborados con productos de la tierra. En sus primeras versiones, la preparación incluía ingredientes disponibles en la región, como maíz, papas, zapallo y otras verduras.

Con la llegada de los europeos a América, la receta fue incorporando nuevos elementos y técnicas de cocción. A partir de ese intercambio cultural, el locro fue evolucionando hasta adoptar las variantes que hoy se consumen en distintos puntos del país.

Su transformación en una comida asociada a las fechas patrias se consolidó durante el siglo XX. Historiadores sostienen que, ante los cambios sociales y el crecimiento de la inmigración, muchas recetas tradicionales comenzaron a recuperarse como una forma de reivindicar las raíces y la identidad nacional.

Actualmente, el locro es mucho más que un plato típico. Junto con las empanadas, el chocolate caliente y otras preparaciones tradicionales, forma parte del patrimonio cultural argentino y se mantiene como uno de los símbolos gastronómicos más presentes durante las conmemoraciones históricas del país.