El cáncer de cabeza y cuello, que puede desarrollarse en zonas como el labio, la boca, la garganta y la laringe, es el séptimo tipo de cáncer más frecuente a nivel mundial. Aunque suele diagnosticarse principalmente en personas mayores de 50 años y afecta más a los hombres, en los últimos años se observó un aumento de los casos asociados al virus del papiloma humano (VPH), especialmente entre personas más jóvenes.
El especialista Diego Sinagra, jefe del Departamento de Cirugía Oncológica del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó que el tabaquismo, el consumo de alcohol y el descuido de la salud odontológica continúan siendo factores importantes. Sin embargo, señaló que también se registra un incremento de tumores vinculados al VPH, una infección de transmisión sexual, en pacientes jóvenes y sin antecedentes importantes de consumo de tabaco o alcohol.
Los hábitos y las condiciones ambientales también pueden favorecer el desarrollo de estos tumores. Entre otros factores de riesgo aparecen la exposición a radiación, la infección por el virus de Epstein-Barr y determinadas exposiciones laborales, como el contacto con asbesto, polvo de madera o formaldehído. Por eso, los especialistas remarcaron la importancia de la prevención y de mantener hábitos saludables.
Más del 80% de los casos son tratables cuando se detectan a tiempo, pero una proporción importante de los pacientes llega al diagnóstico en etapas avanzadas. Esto ocurre porque algunos tumores son inicialmente asintomáticos o presentan síntomas inespecíficos, mientras que en otros casos la consulta se demora ante lesiones persistentes o recién se busca atención médica cuando aparece un ganglio en el cuello.
Entre los principales signos de alerta se encuentran las lesiones en la boca que no cicatrizan durante más de dos o tres semanas, manchas blancas, rojas o marrones persistentes, úlceras, dificultad para masticar, tragar o respirar, dolor persistente en la lengua o la mandíbula, ronquera prolongada y la aparición de un ganglio en el cuello sin una causa aparente.
La consulta temprana mejora de manera significativa las posibilidades de tratamiento. Según las características de cada paciente y el estadio de la enfermedad, las alternativas pueden incluir cirugía, radioterapia, quimioterapia e inmunoterapia. Además, las nuevas estrategias permiten avanzar hacia tratamientos cada vez más personalizados y con mejores resultados oncológicos y funcionales.
En los casos que requieren cirugía, la inteligencia artificial comenzó a utilizarse como una herramienta de apoyo para optimizar los procedimientos. A través del análisis y procesamiento de imágenes, puede ayudar en la planificación de las intervenciones y en la reconstrucción del maxilar, dentro de un abordaje que busca mejorar tanto los resultados del tratamiento como la calidad de vida de los pacientes.