Un estudio privado detectó que en la Argentina el faltante de productos en las góndolas de supermercados se mantiene en un nivel relativamente elevado, con picos que han llegado a más de 19% como promedio de las grandes cadenas.
Frente a ese rango alto de dos dígitos porcentuales que predominó entre 2008 y la primera mitad de 2015, con una excepción de 7,6% en 2010, una tasa de carencia de 7,5% que se registró en la última medición del corriente año, tras haber subido a 10,8% en la primera mitad del año, aparece como un indicador satisfactorio. Aunque ese promedio fue el resultado de establecimientos que han logrado un mínimo de 1,2% y otros que no han podido bajar de un piso de 12 por ciento.
Sin embargo, llama la atención que en un momento de fuerte contracción de las ventas en el conjunto de las cadenas comerciales, los establecimientos se arriesguen a perder clientes, o facturación, porque el producto que busca el consumidor se mantiene en el depósito, y por tanto lo lleva a buscarlo en un local de un competidor.
Eso es lo que surgió de la última medición de GS1 Argentina, una organización global, neutral y sin fines de lucro fundada en 1985, conducida por sus socios, principalmente grandes cadenas de supermercados, que se dedica específicamente al diseño e implementación de estándares globales y soluciones para mejorar la eficiencia y la visibilidad a lo largo de la cadena de valor, a través de un sistema de lector de barras de los productos.
Rubén Calónico, gerente general de GS1 Argentina, destacó que «del relevamiento de 293.085 artículos, se encontraron disponibles en góndola 271.031 y faltaban 22.054, en este caso concentrados en el segmento de alimentos y productos de limpieza del hogar, y en menor medida en artículos de higiene personal y bebidas».
Desafíos para el corto plazo
Rubén Calónico definió las acciones necesarias para que ningún producto falte en las góndolas:
1. Afianzar el trabajo junto con el Gobierno, a través de los Ministerios de Producción, Ciencia y Tecnología, Modernización, AFIP y Senasa, entre otros.
2. Maximizar el uso de los documentos electrónicos, como los códigos de barras.
3. Cursos de capacitación virtual al personal de los establecimientos.
4. Promover el uso de estándares de control entre las cadenas comerciales, su centro de distribución y el proveedor.