Según Orban, los húngaros no quieren que «el movimiento mundial de gente cambie el país» y añadió que los magiares quieren vivir «en orden, paz y seguridad».
Un par de días atrás, el premier había declarado al diario alemán Bild: «Si dejamos entrar a todos, Europa se va a pique».
Mañana, en el país entrará en vigor un paquete de leyes que establece penas de cárcel de tres años por el simple cruce ilegal de la frontera, que pueden subir a cinco si se realiza armado o se daña la valla que Budapest construyó en su frontera con Serbia para frenar la multitudinaria marea de refugiados que buscan amparo en Europa.
Fuentes de la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) citadas por la agencia de noticias EFE, señalaron que Hungría ya no registra a los recién llegados en su territorio sino que los embarca en autobuses y trenes directo hacia la frontera con Austria.
Hasta ahora Hungría había insistido en trasladar a los refugiados a campos y allí identificarlos y registrarlos, tal como establecen las normas europeas, pero hoy la explanada fronteriza de Roszke, donde las autoridades congregan a los recién llegados, se encontraba vacía, sin las largas colas de los últimos días.
Este cambio de política se produce después de que Alemania restableciese ayer los controles en sus fronteras tras acoger a decenas de miles de refugiados en las dos últimas semanas y de que Hungría tuviera anteayer un roce diplomático con Austria por el tema.