Los bomberos notaron que la fosa estaba en desuso y que tenía unos 10 metros de profundidad. En el fondo estaba el can visiblemente asustado.
Inmediatamente los efectivos armaron un «sillín japonés» y extrajeron del pozo al cachorro que estaba sano y salvo para tranquilidad de su dueña a la que recomendaron tapar y señalizar la existencia del pozo en su casa.