Y para que todo sea más épico, sobre el final, cuando River
ya había dado vuelta el partido, empezó a llover. Relámpagos por todos lados y
una impresionante cortina de agua. Como en tantas noches históricas del equipo
de Núñez. Para el delirio de esas cuatro mil almas que gritaban sin parar allá
en lo más alto del Arena de Gremio. Que se quedaron revoleando sus remeras,
saltando, cantando. Con los jugadores en el campo de juego más locos que nunca
delirando a la par de ellos.
Cuesta encontrar razones desde el juego para explicar por
qué River le dio vuelta a Gremio un partido que el local parecía tener controlado. La historia pasó más
por el carácter, el coraje y el temple de un equipo que no se rinde nunca. Ni
aún cuando parece vencido. De mantenerse en partido siempre. Que lo iban a
tener que matar para sacarlo de la Copa.
Tal vez se encuentre alguna explicación en esa apuesta por
jugar aún sin tener la noche más clara. Y a que Gremio haya pagado su extremado
conservadurismo y haber hecho tiempo una y otra vez.
Y si hablamos de creer, en la definición del partido estuvo
implicado un hombre por el que Gallardo creyó siempre. Que no fue titular
anoche, tal vez porque no estaba en su mejor nivel tras el desgarro que lo
había dejado un mes afuera. Pero que salió a la cancha en el segundo tiempo y
que una vez más fue decisivo como en tantas otras oportunidades. El Pity
Martínez, una vez más fue clave. Para ejecutar con precisión el tiro libre que
Borré cabeceó al gol. Y para ejecutar un penal en el momento más caliente.
Cuando de su pegada dependía el pasaje de River a la final, que él terminó
emitiendo con esa magistral pegada.
Otra vez el VAR fue protagonista en otra semifinal de River.
Pero esta vez para hacer justicia. Porque un remate de Scocco había dado en la
mano de Bressan, que abrió sus brazos. Cunha no lo vio pero desde el VAR le
avisaron. La revisó y dio el penal. Entre dos y tres minutos duró la secuencia
para darle más suspenso. Nadie entendía nada en el Arena. La desesperación
cambiaba de dueño.
Bancó River la parada en los últimos minutos, con Maidana y
Pinola, dos leones; con Pratto, que jugó, luchó y terminó dando una mano para
sacar pelotas, y con Armani quedándose con los centros. Otra vez el arquero fue
decisivo al sacar un mano a mano cuando el encuentro estaba 1-0 para Gremio.
Es que River estaba jugada y dejaba espacios. No lo
aprovechó Everton. Pero Gremio tenía todo controlado, sostenido en Geromel, que
sacó todo. Y en ese esquema sólido que le había dado resultado hasta los 170
minutos de la serie. Pero que se derrumbó en un abrir y cerrar de ojos.
Borré, que se desquitó tras el gol que había perdido al
principio, movió la estructura de Gremio. Y Pity la terminó de tirar abajo.
River dio el golpe en Brasil. Y la final Superclásica está a un paso de darse.