En síntesis, que en el último trimestre del año el alza de los precios se ubique en un 6% general; y de pie a un comienzo de 2019 con el IPC bajo control. O al menos con una proyección similar al 25% comprometido ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el año que viene.
Pero al menos debería mostrar cierta tranquilidad en la aceleración inflacionaria. A este fenómeno se debería sumar el alza más controlada de los combustibles, a partir de la reducción en los precios de las naftas que están anunciando algunas petroleras, comenzando por Axion y Shell.
Si se tiene en cuenta que un aumento del 5% en los combustibles implica un alza inflacionaria de un punto porcentual, el incremento promedio de menos de ese porcentaje debería tener una influencia menor en los precios de noviembre. Esta posibilidad de una reducción en el ritmo de crecimiento de la inflación es la alternativa que más alienta al equipo económico en estos tiempos duros.
Las buenas noticias, esperan en Hacienda, deberían concretarse en noviembre y continuar en diciembre. La gran esperanza oficial es que el último mes del año (un período tradicionalmente inflacionario por el alza del consumo interno) el IPC muestre un incremento del 3%, en línea (por primera vez) con el ritmo de indexación mensual de la «zona de no intervención» firmado con el FMI. A partir de ese momento (siempre según la confianza oficial), la inflación arrancaría 2019 con ese nivel de crecimiento, hasta ir bajando desde junio. El precio a pagar para lograr esto será largas semanas con tasas de interés extravagantes, alejadas de cualquier tipo de acceso al financiamiento productivo.
Aún así la intención es que la curva de crecimiento de la economía comience más rápido que lo que pronostica la mayoría de los analistas privados, aún los más cercanos al Gobierno.
Para Hacienda, el mes de inicio del rebote sería marzo, a partir de lo que se espera sean las consecuencias de una cosecha positiva, que sólo en la comparación estadística frente al desastre sectorial que dejó la sequía de este año, mostraría inevitables resultados positivos. Se cree que otros sectores industriales beneficiados por el alza del dólar y con financiamiento propio también aportarían para el rebote de marzo, comenzando por el turismo interno que debería tener entre diciembre de este año y enero y febrero de 2019 un tiempo de revancha.