Boca está en la antesala del Partido de Todos los Tiempos.
Lo dice Diego Falduto, socio del club que no pudo llegar a esta fiesta popular
que sucede desde las seis de la mañana. Sí, las puertas se abrían diez horas
antes y ya había gente haciendo cola para ver y para apoyar al plantel que el
sábado enfrentará a River, en el Monumental, por la final de vuelta de la Copa
Libertadores de América.
Los medios -de rincones diversos- cuentan que este partido
es La Final del Mundo. Cada uno de esos hinchas que colmaron la Bombonera,
colapsada en sus 49.000 lugares (sin incluir los palcos), está feliz. Lucen
como un niño ante un juguete nuevo, a ese juguete que soñó cada día y cada
noche con cada almohada. Como Joaquín, como Santiago, como Leonel como Nahuel
que llegaron desde Ituzaingó, con sus papás -Manuela y Diego- para
«acompañar al equipo». Para los más chicos de la familia es una
visita fundacional. Leonel llora. Tiene miedo de no entrar. Todavía falta más
de una hora para que el plantel aparezca y los espacios resultan escasos.
Llegan hinchas de todos los rincones. Muchos de ellos son
los que suelen tener las puertas cerradas porque no son socios o semiabiertas
porque son adherentes. «A veces no se puede pagar la cuota del club, como
no se puede pagar el gas o la luz. Y hoy nos abrieron las puertas», cuenta
Mariano Hernández, llegado desde El Jagüel, en el tren Roca, solo, porque su
sobrino no lo pudo acompañar. Hacía tres años que no pisaba La Bombonera. La
sonrisa no le cabe en la cara.
El es otro de los protagonistas de un récord: nunca ningún
equipo del mundo juntó tanta gente para un entrenamiento. Más allá de los
-quizá- 50.000 en las tribunas desbordadas hubo alrededor de 10.000 afuera,
según las estimaciones de la conducción de Boca. Cuentan que el récord anterior
le pertenecía Monterrey, de México, en 2017, con 31.853. En Rosario, los de
Newell»s desmienten la versión. Cosas del fútbol de este tiempo.
Por el desborde de gente, una mala noticia aconteció. El
estadio fue clausurado. «Había más gente de la indicada», precisó
Daniel Angelici en diálogo con TyC Sports. Anticipó, de todos modos,
«Vamos a pedir el levantamiento de la clausura».
«En la cancha de River / vamos a ganar / y la vuelta /
y la vuelta vamo» a dar», gritan todos los que convirtieron a La Bombonera
en un espacio que late. También en un espacio sin espacios. Parece un milagro
que con tanta gente afuera de la cita con el plantel ningún incidente grave
sucediera.
Esa canción es un himno. Y un mensaje. Y un deseo. Hay
unanimidad: los hinchas gritarán eso hasta la disfonía. Hasta el regreso a casa.
Hasta el sábado que no deja dormir.
«Guilleeeeeeeeeeeeeermo/Guilleeeeeeeeeeeeeermo».
El Mellizo sonríe. Parece preferir a sus jugadores como protagonistas. Carlos
Tevez, quien no sabe si será titular, es el preferido. Dicen los fanáticos que
de la mano del crack de Fuerte Apache todos la vuelta van a dar.
Hay otros ovacionados. Nahitán Nández, un jugador a lo Boca,
que traba con la cabeza, recibe el «uruguayo/uruguayo» que lo
emociona. Hay celebración también para para los dos goleadores: Benedetto y
Wanchope Abila. El Pipa agradece. El ex Huracán saluda en pleno entrenamiento.
Soñó ese instante en buena parte de su vida. También hay un asombro: la gente
respalda a Agustín Rossi, el arquero. Por si había alguna duda.
No fue un día más bajo el cielo de La Boca, ahí cerca del
Puerto más famoso, el de los xeneizes. La fiesta fue más que un récord. Resultó
un mensaje que los jugadores entendieron: el apoyo es incondicional para la
Superfinal Superclásica. Pero también el reclamo de que no hay dos resultados
posibles: «Jugadores, jugadores / No se lo decimos más / la Copa
Libertadores / de la Boca no se va».