Síndrome del abuelo esclavo: cuando el cuidado de los nietos pasan factura

7 de febrero de 2019

«Todos los días recojo a mis nietos en el colegio. Me
encargo de su merienda y les llevo a las extraescolares, juego con ellos y les
ayudo con los deberes. Hay días en los que siento que no puedo más: estoy
agotada y me duele la espalda porque el ritmo que me imponen es demasiado. Pero
lo hago por ayudar a mi hija porque ella y su marido trabajan y no pueden
permitirse pagar una niñera». La que habla es Manuela, de 67 años y abuela
de una niña de seis y otro niño de ocho. Ella no es una excepción, no hay más
que echar un vistazo a la salida de cualquier colegio para darse cuenta.

El
problemas es que muchos de ellos «realizan este soporte de forma no
voluntaria, porque se ven obligados a hacerlo y no tienen la capacidad de poner
unos límites», explica Pilar Rodríguez, adjunta a la gerencia de la
Fundación Acción, Bienestar y Desarrollo, que trabaja para mejorar la calidad
de vida de los colectivos vulnerables. Es el conocido como síndrome del abuelo
esclavo, «un problema silenciado porque los mayores tienen miedo de causar
problemas a sus hijos o decepcionarles y callan», explica Manuel Nevado,
psicólogo de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

El
terapeuta coordina un centro de desarrollo cognitivo de personas mayores que
cesa sus actividades desde mediados de junio hasta mediados de septiembre
porque los abuelos, al cuidado de sus nietos a tiempo completo en época
estival, no pueden acudir. Allí ha escuchado en más de una ocasión: «¡Es
que nos tienen esclavizados!».

Al menos, ahí pueden desahogarse.Dolencias
frecuentesLlevarles y traerles, darles de merendar, encargarse de que hagan los
deberes, jugar con ellos… Las tareas diarias que tienen entre manos son
muchas y arduas. En numerosas ocasiones, incluso asumen el rol de los padres en
cuanto a su educación. Obligaciones que suponen para muchos una sobrecarga de
trabajo que en algunos países europeos ya ha sido reconocida: en Alemania, los
abuelos canguros pueden desgravarse durante los 14 meses siguientes al
nacimiento del niño en el caso de que el padre o madre sufran una enfermedad y
el cuidador no trabaje más de 30 horas a la semana. En Portugal, los abuelos
tienen derecho al 100% del sueldo si se dedican al cuidado del nieto durante el
mes siguiente a su nacimiento. Cuidar de un nieto puede ser un placer, pero
también puede convertirse en una pesadilla que afecta a la salud física y
emocional.

De hecho, los psicólogos y geriatras están viendo cada vez más casos
en consulta: «Personas mayores que sufren agotamiento, estrés y ansiedad
que puede acabar derivando incluso en depresión», analiza Rodríguez.

«El bienestar del nieto se acaba anteponiendo al suyo propio, por lo que
los problemas de salud que ya sufrían se agravan: la hipertensión se acentúa,
al igual que la artrosis. También es habitual sufrir estreñimiento y dolor
crónico en las articulaciones y la espalda por el esfuerzo que les supone, así
como dificultad para dormir por la noche derivada de ese dolor. Es frecuente descuidar
la alimentación y estas personas tienen un riesgo de desnutrición que puede
afectar a enfermedades como la diabetes», cuenta Rosa López, geriatra del
SEGG, que cuenta que justo ayer dos personas le reconocían sentirse
esclavizadas por la necesidad de cuidar a varios nietos a la vez.

«Los
abuelos ya no tienen la misma vitalidad y la movilidad que imponen los nietos
es enorme: hay que cogerlos en brazos, correr detrás de ellos…», analiza
Rodríguez. En definitiva, los abuelos cuidadores «tienen peor salud física
que los no cuidadores y hacen un mayor uso de medicamentos junto con más
visitas al médico», cuenta Sacramento Pinazo-Hernandis, profesora de
Psicología Social en la Universidad de Valencia. Pero no sólo se trata del
sobreesfuerzo que tienen que hacer, sino de lo que se ven obligados a dejar de
lado por sus nietos, como el tiempo libre dedicado a sí mismos.

El 60% de las
españolas espera a pasar los 30 para tener su primer hijo, según datos de este
año de Eurostat, por lo que los abuelos que cuidan de nietos pequeños son cada
vez más mayores, lo que les dificulta aún más la labor. A esto se le suma que
«el aumento de la esperanza de vida ha propiciado que haya más personas
mayores con más probabilidades de ser abuelos durante más tiempo», afirma
Pinazo-Hernandis. La dificultad para conciliar entre la vida personal y laboral
y la crisis económica, con sueldos cada vez más bajos y la imposibilidad de
contratar guarderías o cuidadoras, están detrás de esta situación. «En
España no hay políticas pronatalistas y los que deciden tener hijos se
encuentran con este problema», asegura López.

Por ello, los abuelos
«han acabado convirtiéndose en un gran ejército de reserva porque siempre
están disponibles para las demandas de los hijos. Nadie les pregunta si pueden
quedarse con los nietos o no, se da por hecho porque priorizamos nuestras
necesidades a las suyas. En ocasiones se abusa de ellos y se les presiona para
que se hagan cargo», dice Rodríguez. La clave, según los expertos, para
evitar dar más de lo que se puede está en verbalizar el problema, sugiriendo
alternativas, y buscar un equilibrio.

«Es necesario poner unos límites,
como por ejemplo, que los fines de semana se hagan cargo los padres o que se
responsabilicen de las tutorías en el colegio. Muchos se sienten culpables por
decir que no a algo, pero tienen todo el derecho de vivir después de haber
trabajado durante tantos años y de contar con tiempo para el ocio», cuenta
Nevado.Aspectos positivosSin embargo, esto no significa que compartir tiempo
con los nietos no tenga beneficios. Son muchos los estudios que aseguran que de
esta forma se sienten útiles tras haber llegado a la jubilación y que cuidar de
ellos les aporta vitalidad, alegría, entretenimiento y compañía para combatir
la soledad, mientras que estrechan vínculos afectivos y familiares. Pero no
sólo mejora su estado de ánimo, ya que también les ayuda a mantenerse en mejor
forma física e incrementa su rendimiento cognitivo.

De hecho, un estudio alemán
publicado el año pasado por la revista «Evolution and Human Behavior» asegura
que aquellos que cuidan de sus nietos ocasionalmente viven cinco años más que
los que no lo hacen. De acuerdo con esta investigación, el riesgo que tienen
estas personas de morir en los siguientes 20 años se reduce hasta un 37%.
Además, los autores del estudio explican que esta labor aumenta la esperanza de
vida significativamente más que estar sano y activo.

Distintos tipos de abuelos

GENEROSOS. Están encantados con su papel de cuidadores y no
les importa hacerse cargo de sus nietos todo el tiempo que sea necesario. Son
personas que han dedicado su vida a cuidar a sus hijos y ahora vuelven a
desarrollar ese mismo rol con el que están cómodos con los nietos. De esta
forma se sienten realizados y útiles porque ven que están haciendo una labor de
importancia. «Tienden a sobreprotegerles mucho y es posible que les quede
un gran vacío cuando los nietos crezcan y pasen a un segundo plano»,
explica el psicólogo Manuel Nevado. Este perfil suele darse principalmente en
las abuelas más que en los abuelos.

 

PASOTAS. Este modelo se impone en los países nórdicos. Se
trata de aquellos abuelos que consideran que los nietos son responsabilidad
única de sus padres y que son ellos los que deben hacerse cargo. Consideran que
ya se han pasado toda la vida trabajando y que ahora les toca disfrutar de su
merecida jubilación y aprovechar su tiempo libre para viajar, leer, hacer
deporte… Por ello, no tienen problemas a la hora de decir «no». Eso
no significa que no quieran pasar tiempo con sus nietos y que no disfruten de
su compañía, pero en pequeñas dosis. Tampoco significa que no quieran ayudar,
pero siempre de forma moderada.

 

ESCLAVOS. Disfrutan de la compañía de sus nietos y les
encanta pasar tiempo con ellos, pero consideran que hacerse cargo cada día de
ellos durante tantas horas es demasiado. Estas personas viven a expensas de los
horarios marcados por sus hijos y sus nietos y sienten que no disponen del
tiempo libre suficiente para dedicarlo a sí mismos y sus relaciones sociales. A
pesar de ello, no lo verbalizan porque se sienten en la obligación de ayudar a
sus hijos, aunque en muchas ocasiones se sienten sobrepasados por la dura tarea
que les ha sido encomendada.