Editorial: entre el nuevo y el viejo

20 de agosto de 2019

Las
turbulencias cambiarias, sociales, políticas no cesan en Argentina. Parecía que
todo estaba tranquilo, que era un fin de semana de serenidad, cuando nos
enteramos de que Nicolas Dujovne ya no estaría al frente del Ministerio de
Economía. En ese momento vuelve la preocupación, que con un poco de fuego sería
pánico, una gota gorda y húmeda cayendo por la frente de una parte de la
población que le presta muchísima atención a la calma política, atemorizada por
la reacción de “los mercados”. ¿Qué excusa tendrán ahora para hacer
tambalear a la Argentina?, me preguntaba un amigo, cuando subía el riesgo
país hace apenas 20 horas.

 

Mientras
escribo esto, pasadas las 10:30 de este martes 20 de Agosto, ya pasó de largo
el mayor temor, ya habló Lacunza, ya habló Sandleris, y el Banco Nación no
abrió, hoy, muy distinto a lo que pasaba el viernes. No hubo mucha información,
no hubo definiciones políticas claras, pero el recibimiento de estas
declaraciones fue la pax cambiaria. La tranquilidad que se vive en esta
mañana, en términos cambiarios, es muy distinta a lo que se podía sospechar,
más cuando se prestaba especial atención al papel con el que ayer posaba,
involuntariamente, el otrora Ministro de la Provincia de Buenos Aires.

 

Pero,
más que saber cómo actúan los grandes inversores, los capitales golondrinas, y
los especuladores locales, el foco principal estará sobre el tándem que puedan
establecer Sandleris y Lacunza. Una dupla económica que esta mañana dejó
vislumbrar que la intención es poder intervenir en el mercado de cambios, si es
necesario, con miras a un venidero 10 de Diciembre. Fuera de estos aspectos
generales, no hubo un posicionamiento más que recalcar repetida y fuertemente
que las decisiones de los equipos de gobierno se están tomando sin miras
electorales. Una aclaración que marca un estilo del oficialismo, con
interlocutores saliendo constantemente a negar lo que desde afuera leer, como
el evidente electoralismo de las medidas económicas paliativas anunciadas por
Mauricio Macri.

 

En
fin, Sandleris y Lacunza son dos personajes amigables, ajenos a la
polarización, y han manifestado la convocatoria a representantes económicos del
Frente de Todos, de Consenso Federal, el FIT Unidad, y demás espacios políticos
que compiten el próximo 27 de Octubre.

 

¿Cómo
gestionarán los últimos 100 días de Macri? Es importante lo que pase en la
próximas dos semanas y media, hasta la ratificación de listas del venidero 7 de
Septiembre, si es que el precio del dólar se estabiliza entre $57 y $65, o se
dispara rumbo a las 3 cifras, como se especula desde sectores que pujan para un
tipo de cambio más “competitivo”.

 

¿Y
si, efectivamente, hay presión sobre el tipo de cambio? Sandleris propuso que
intervendrá cuando el dólar se aleje de su “valor natural”, con un poder de
fuego visualmente devaluado del actual Banco Central. Tampoco es viable lo que
proponen Jorge Yoma, Embajador en Perú, y Larry Kudlow (Director del Consejo
Económico Nacional de la Casa Blanca Estadounidense), de volcarse a una
convertibilidad con un tipo de cambio fijo estable establecido,
¿arbitrariamente?, en $100. No es viable, obviamente, en el contexto actual, y
solo lo haría posible un nuevo acuerdo con el FMI, lo que Argentina menos
necesita en este momento.

 

Se
viene Lacunza, con un historial de endeudamiento en el Ministerio Provincial
del cual está saliendo, y un historial asociado a la fuerte intervención
monetaria en su gestión junto a Redrado. ¿Resolverá un acuerdo de precios para
estabilizar la economía? No lo creo. ¿Recibirá el próximo desembolso del FMI?
Seguramente. ¿Qué se puede esperar de él en el corto plazo? Que se muestre
sereno e inerte hasta principios del mes entrante, y que intente negociar
mecanismos para “volver a prender la economía”, como dijo parafraseando a
Alberto Fernández hoy en su presentación ante la prensa.

 

No
hay que perder la calma, ni caer en el pánico de una probable hiperinflación o
megadevaluación. Con institucionalidad y consenso, después del viejo y cuando
nazca el nuevo, hay futuro para Argentina.

PABLO GARCÍA.