Es que la Policía Científica confirmó que la bala 9 milímetros que mató al adolescente fue disparada con la pistola reglamentaria del oficial Deibid Esteban V. (32), quien estaba de servicio durante la noche del viernes 23 y madrugada del sábado 24 de agosto, cuando se cometió el crimen.
Este sospechoso es el principal apuntado por la pesquisa que lleva adelante la Dirección Homicidios de la Policía de Misiones desde que una policía lo colocara en el rol de asesino. Era parte de la patrulla, por lo que terminó siendo testigo directo de la ejecución.
Desde el sábado está privado de la libertad junto al oficial Matías A. (30) y el cabo primero Rubén Darío N. (43), acusados en paralelo de haber desplegado distintos artilugios para desviar el foco investigativo hacia otras hipótesis que después terminaron desacreditadas.
Sobre lo hecho por los peritos científicos, fuentes calificadas explicaron que la confirmación se desprende del cotejo del proyectil (plomo) y la vaina servida hallada en la escena -frente a la Escuela de Comercio 10- con el arma que el sábado le secuestraron al uniformado.
El análisis comparativo de esos elementos con otros obtenidos por medio de un disparo controlado permitió concluir que las deformaciones son coincidentes con las producidas por dicha pistola. Esto quiere decir que el balazo asesino fue efectuado con el arma de dotación policial y todo indica que por el mismo oficial que la portaba.
El propio jefe de la Policía de Misiones, comisario general José Mazur, confirmó que “conforme a los informes técnicos periciales, el arma utilizada en el hecho pertenece al oficial”, en tanto que al referirse a los otros uniformados remarcó que “habrían incurrido en los delitos de encubrimiento, incumplimiento de deberes de funcionario público y omisión de denuncia” entre otros cargos que les podrían caber en función de que la noche del crimen también estaban de servicio.
El grueso de los informes con las actuaciones (testimonios e informes periciales) será remitido en las próximas horas al magistrado subrogante del Juzgado de Instrucción Dos, Fernando Verón, quien recién entonces estará en condiciones de citar a indagatoria a los tres efectivos involucrados de manera directa como a los cuatro que fueron excarcelados, pero siguen vinculados a la causa, que sería caratulada como homicidio agravado.
Provocador, arrogante y abusivo
Si bien inicialmente se especuló con que se trataba de un crimen de venganza por una cuestión amorosa y hasta se lo vinculó con una trama de narcomenudeo, la pesquisa por el asesinato de Víctor dio un giro rotundo a partir de la confesión de una suboficial que no pudo soportar el peso de la culpa por el asesinato de Víctor y la posterior muerte del padre por una afección cardíaca luego de sepultarlo.
La investigación marca entonces que el oficial Esteban V. (32) habría tenido un rol protagónico como autor del disparo mortal que ocurrió cuando el menor estaba absolutamente indefenso y prácticamente de rodillas sobre el camino terrado. Esto se desprende de la confesión que hizo la mujer, rompiendo así el pacto de silencio que durante una semana tuvo en vilo a los detectives.
Dicha uniformada contó que en una recorrida que estaban haciendo con el patrullero se cruzaron con la víctima en la calle donde se cometió el crimen. Iba camino a la casa de su novia.
Supuestamente, horas antes el mismo joven había corrido de una primera incursión policial junto a tres amigos en inmediaciones de la plaza del pueblo, pero esta vez se quedó inmóvil. El oficial bajó del auto, caminó hasta él y lo remató a sangre fría de un balazo que ingresó por el ojo derecho y salió por la región parietal izquierda del cráneo, con pérdida de masa encefálica.
Después de cometer el crimen, el uniformado volvió a subirse al patrullero y -al decir de la policía- amenazó de muerte a sus colegas si contaban algo. De ahí el silencio.
Con ese testimonio como principal argumento, algunos habitantes de la localidad sacaron a la luz algunos episodios en los que el mismo oficial apuntado fue protagonista. No cuenta con buen concepto dentro de la fuerza y menos aún en la comunidad, donde lo calificaron como provocador, arrogante y abusivo.
Pese al miedo que provocó en la gente la ejecución del chico y aunque no se sabe con exactitud qué llevó a hacerlo, hay quienes se animaron a contarle a este matutino que “siempre acosaba a los pendejos con el arma porque es prepotente y se quería llevar a todo el mundo por delante”.
El padre de dos adolescentes, de profesión chipero, acotó que “le gustaba tener a lo saltos a la pendejada, por eso corrían cuando llegaba el patrullero, no porque eran delincuentes. No podía ver a nadie tomando tereré en la plaza porque bajaba a intimidarlos, les mostraba el arma. Era demasiado pesado en su actuar como policía”.
“Todos le tenían miedo por su forma de manejarse. En el contexto de las marchas que se hicieron para pedir el esclarecimiento del asesinato, su nombre apareció varias veces porque la gente sabía que si algún policía tenía que ver con esto, era él”, aseguró el hombre.
En sus redes sociales, el oficial apuntado estuvo activo hasta el 30 de agosto a las 16.34, un día antes de su detención. El mismo día del crimen hizo un posteo en Facebook (a las 21.01) y replicó cinco veces más en la semana, haciendo referencia al Amazonas y al maltrato animal.
FUENTE: EL TERRITORIO.