Sabemos que desde la época del Imperio Romano el brócoli ha
sido considerado un alimento de valor único entre los italianos. Se introdujo
por primera vez en los Estados Unidos por los inmigrantes del sur de Italia,
pero no llegó a ser muy popular hasta la década de 1920.
Sus cualidades gastronómicas y los estudios que prueban sus
beneficios para la salud lo han convertido en uno de los grandes emblemas de la
alimentación sana moderna.
Generoso en vitaminas y en minerales, el brécol es una de
las verduras más nutritivas. Una ración de 200 g de brécol cubre con creces las
necesidades diarias de vitamina C de un adulto, ya que aporta casi el cuádruple
de la que se necesita. También satisface enteramente los requerimientos diarios
de ácido fólico y dos terceras partes de los de vitamina A.
Sin apenas calorías, es una fuente notable de calcio,
potasio, fósforo, hierro, vitaminas B1, B2 y B6 y también aporta dosis
sustanciosas de yodo, cinc, cobre y manganeso. Resulta excelente para combatir
la anemia ferropénica y como preventivo anticáncer.
Pero además de nutrientes esenciales contiene compuestos
azufrados como el sulforafano, que evita que las células precancerosas se
malignicen, induce la muerte de células enfermas e impide la aparición de vasos
por los que se alimenta y se desarrolla el tumor.
El brécol no solo es un excelente ingrediente gastronómico,
sino que ha demostrado tener gran cantidad de atributos como garante de la
salud. Así, los estudios demuestran que tiene propiedades anticancerígenas,
antianémicas, preventivas de la gastritis y reductoras de la función tiroidea y
de la degeneración macular de la retina.
Los estudios sobre la efectividad del brécol en la
prevención del cáncer son numerosos. Apuntan a que ofrece quimioprotección, o
sea, protección inespecífica frente a los agentes químicos que pueden provocar
el cáncer.
Según la doctora Odile Fernández, activa las defensas
gracias a los glucosinolatos que estimulan el sistema inmunitario para que
elimine las células tumorales.
Es capaz de aumentar un 50% la actividad de las
«células naturales asesinas». También regula los niveles de
estrógenos en sangre, algo especialmente útil para prevenir el cáncer de mama.
Los estudios epidemiológicos realizados por universidades
europeas indican que las mujeres que consumen crucíferas al menos una vez por
semana tienen un 17% menos de riesgo de sufrir cáncer de mama. Y uno de sus
beneficios sorprendentes es que actúa sobre los genes.
Los compuestos presentes en las crucíferas son capaces de inhibir la expresión de dos genes
relacionados con los cánceres de mama y próstata de origen genético: los BRCA1
y BRCA2.
Además, puede actuar en el estómago como antibiótico y es
capaz de disminuir la población de la bacteria Helicobacter pylori, uno de los
causantes de la úlcera de estómago.
Asimismo, su alto contenido en hierro, en clorofila y ácido
fólico, hacen del brécol un alimento muy recomendable para personas con anemia
ferropénica, por déficit de hierro.
También durante la menopausia es aconsejable su consumo pues
contiene fitoestrógenos, con acción antiestrogénica similar a la de la soja,
que permite paliar los síntomas de la menopausia.
El hígado resulta asimismo beneficiado de las propiedades de
esta verdura. El brécol ejerce una acción hepática compleja y se ha utilizado
como estimulante de la llamada «depuración» interna del organismo. Un
papel importante de esta depuración se realiza a través del hígado, verdadero
receptor de todos los productos del metabolismo corporal.
El brécol, capaz de estimular el trabajo hepático, puede
interferir en algunos medicamentos, reduciendo su efectividad. Además está
contraindicado en personas que padecen hipotiroidismo.
El brécol proporciona brillo y color a recetas sencillas,
comparte cazuela con patatas, cebollas y zanahorias, y también puede ser el
ingrediente estrella de recetas selectas como el mousse de brécol.
En definitiva, es una verdura digna de un plato sofisticado
y al mismo tiempo idónea para dietas remineralizantes y depurativas.
Para que conserven todas sus propiedades anticancerígenas
conviene cocinarlo de manera muy respetuosa.
Los glucosinolatos son solubles en agua y sensibles al
calor, de modo que si cocemos más de diez minutos estos vegetales, se reducen a
la mitad.
En cambio, el poder anticáncer del brócoli aumenta cuando se
consume en forma de germinados y cuando se cocina junto a rábano picante o
semillas de mostaza.
Para que disfrutes del sabor del brócoli a la vez que de sus
propiedades anticáncer puedes prepararlo al vapor unos 5-7 minutos. Alíñalo con
una cucharada de aceite de oliva virgen extra, zumo de limón y pimienta negra recién
molida.
También puedes elaborar una ensalada con una vinagreta de
cúrcuma y pimienta, adornada con brotes de brócoli.
