Según la información oficial, trascurrido ese lapso (desde el 22 de marzo, los 45 días se cumplieron el jueves 6 de mayo último), se aplicaron 5.739.223 dosis: aquel día de marzo se habían suministrado 3.212.598 vacunas mientras que los registros publicados este viernes indicaron que el país quedó al borde de los 9 millones de inoculados, con 8.951.821.
Si se tomara sólo a las personas que recibieron la primera de las dosis, el plan vacunatorio nacional también cumplió con lo comprometido, ya que se pasó de 2.596.228 a 7.640.728, es decir, 5.044.500 más que a fines de marzo.
Esa meta se consiguió mientras el país atravesaba el pico de la segunda ola de casos a mediados de abril, en medio de la judicialización a la que recurrió la oposición para impedir el cumplimiento de las medidas sanitarias dispuestas por el presidente Alberto Fernández, y en un contexto que los funcionarios nacionales insisten en describir con un adjetivo: «dinámico».
Mantener ese ritmo, incrementarlo, es lo que desea un Gobierno que continúa dependiendo de fabricantes que no pueden asegurar calendarios precisos, tal como le sucede a la amplísima mayoría de administraciones nacionales alrededor del mundo.
Mientras la liberación de las patentes sigue siendo una idea que gana adeptos pero que necesita de acciones concretas en foros como la Organización Mundial de Comercio, el principal proveedor argentino sigue siendo el instituto ruso Gamaleya, hacia el que por estas horas viaja un avión de Aerolíneas para traer más vacunas.
Adicionalmente, se esperan avances para que el laboratorio Richmond pueda comenzar a fabricar Sputnik V en pleno corazón de la provincia de Buenos Aires, pero ese es un camino que debe hacerse «paso a paso», según subrayan en Balcarce 50.