El problema lleva años sin resolverse, pero la situación se agravó con la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), impulsada por el Gobierno nacional. Con el mercado librado a su suerte, el Gobierno provincial intenta sin éxito encontrar una solución, pero se enfrenta a un muro de resistencia empresarial que se niega a negociar.
El productor yerbatero está en una encrucijada. En las góndolas, un paquete de yerba mate alcanza precios exorbitantes, mientras que quienes trabajan la tierra reciben sumas irrisorias por su materia prima. La ecuación no cierra y la brecha entre el costo real de producción y el valor de venta final deja en evidencia un esquema desigual que solo beneficia a los grandes industriales. La falta de regulación efectiva impide equilibrar la balanza y permite que la industria imponga sus condiciones, pagando precios de miseria y acumulando ganancias millonarias.
El Gobierno provincial insiste en la necesidad de establecer un valor de referencia justo, pero sus intentos chocan con la negativa de los empresarios a sentarse en la Mesa Yerbatera Permanente. Sin el respaldo del INYM, que perdió gran parte de su poder de intervención con la desregulación, la provincia quedó con herramientas limitadas para frenar el abuso del sector industrial. Mientras tanto, los productores han comenzado a tomar medidas de fuerza, como la postergación de cosechas, lo que podría derivar en un desabastecimiento a corto plazo.
A la falta de precios justos se suma la opacidad en la cadena de comercialización. La implementación de la trazabilidad avanza con lentitud y, sin transparencia, el productor sigue siendo la variable de ajuste. Algunas empresas como Playadito pagan valores más altos a ciertos productores asociados, pero el grueso del sector sigue atado a las condiciones arbitrarias de los grandes molinos, que manejan el mercado a su antojo.
El panorama lejos de mejorar, tiende a agravarse. La falta de un acuerdo real entre productores, industria y Gobierno amenaza con generar un conflicto mayor. Sin reglas claras y sin una intervención efectiva, la tensión irá en aumento. Si no aparece una solución en el corto plazo, la yerba mate, símbolo de la economía misionera, podría convertirse en el epicentro de una crisis social de consecuencias impredecibles.