Con solo una porción diaria, los lácteos ofrecen proteínas de alta calidad, grasas saludables, antioxidantes y vitaminas necesarias para el buen funcionamiento de distintos sistemas del cuerpo. Entre sus beneficios, se ha observado que pueden colaborar en la prevención de enfermedades como el alzhéimer, la hipertensión arterial e incluso ciertos tipos de cáncer, como el de colon. También se destacan por su contenido en retinol, una vitamina que ayuda a mantener la visión, el sistema inmunológico, los huesos y la salud de la piel en buen estado.
La leche, por ejemplo, es considerada un alimento completo. En su composición se encuentran nutrientes como calcio, fósforo, magnesio, proteínas y un amplio grupo de vitaminas, entre ellas A, B1, B2, B12, K, D y E. Su inclusión en la dieta resulta fundamental para el desarrollo óseo en niños y adolescentes, y también ofrece beneficios para la piel, el cabello, el sistema nervioso y la respuesta inmunológica. Se estima que un vaso de 250 mililitros puede aportar entre el 10 y el 20 % del gasto energético diario recomendado. Lo habitual es consumir entre una y dos tazas al día.
El queso, derivado de la maduración de la leche, contiene proteínas, fósforo, grasas saturadas y vitaminas A, B2 y B12. Aporta nutrientes esenciales para la producción de glóbulos rojos, el cuidado de los dientes y el buen funcionamiento de la visión. Una porción adecuada puede ser de unos 30 gramos, cantidad que aporta aproximadamente siete gramos de proteína.
El yogur, por su parte, es un lácteo fermentado que aporta bacterias benéficas para la flora intestinal. Además, contiene calcio, vitamina C y B12. Su consumo regular ayuda a la digestión, fortalece el sistema inmunológico y protege las células nerviosas. Una taza de 250 mililitros proporciona alrededor de once gramos de proteína. Se recomienda incluir al menos una porción diaria, que puede combinarse con frutas o cereales para sumar variedad y sabor.
Si bien los lácteos tienen múltiples beneficios, también contienen grasas saturadas, por lo que se aconseja un consumo equilibrado. La cantidad ideal puede variar según la edad, el peso y el estilo de vida de cada persona, por lo que es recomendable consultar con un profesional en nutrición para una guía personalizada.