En el caso de la alimentación, mientras
un 17,6% tiene déficit en sus comidas, un 8,5% pasó hambre durante 2017, según
el último informe de Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la UCA que
además indica que aumenta de manera constante la asistencia a comedores
infantiles.
Las cifras, que son de finales del año pasado, podrían
acrecentarse en un contexto como el actual con devaluación, inflación, shock
tarifario y caída del salario real. El último índice de pobreza del INDEC marcó
25,7% en el segundo semestre del año pasado y se espera que regrese al 29% a
fin de año, según estimaciones de la UCA . En el caso de la niñez el número es
mayor porque se trata de una medición multidimensional, no solo en base al
precio de la canasta básica.
El trabajo del barómetro, realizado en base a encuestas a
más de 5.700 personas de conglomerados de 80.000 habitantes, analiza
inequidades asociadas a cada dimensión de los derechos del niño, por eso se
relevaron datos sobre alimentación, salud, hábitat, subsistencia, crianza y
socialización, información, educación y trabajo infantil.
Alimentación, hábitat y salud, que son los pilares por los
que se debe analizar la pobreza fueron los indicadores que arrojaron números
más preocupantes. La investigación se viene desarrollando desde 2010
anualmente. En esta última edición se realizó un ajuste metodológico sobre la
muestra ya que tomaron datos del último censo, antes trabajaban con el de 2001.
Si bien en las series (2010 – 2017) se respetó la anterior metodología, se hizo
un nuevo apartado solo para 2017 en donde hay una foto más certera de la
realidad.
“El dato de 2017 es mucho más representativo de la
estructura actual Argentina”, explica Ianina Tuñón, Investigadora
Responsable del Barómetro en una rueda de prensa de la que participó
ámbito.com. Además advierte que estos datos muestran “una estructura
social más empobrecida que se nota en todos los indicadores”.
Pobreza y alimentación
La medición arroja que en 2017 hubo un 48,1% de niños, niñas
y adolescentes pobres y en el interior de ese grupo se estima a un 10,2% en
situación de indigencia. En cuanto a la distribución geográfica, en el
Conurbano Bonaerense mostró el mayor índice ya que la pobreza alcanza al 54,2%
de los niños.
Ligado a este fenómeno se observa un déficit alimentario de
17,6% (chicos que no comieron correctamente) y 8,5% en su nivel más grave, es
decir hambre. Además se detectó que de ese universo de niños un 33,8% asiste a
comedores escolares, siendo nuevamente el GBA el espacio con mayor cobertura
alimentaria directa con 37,7%.
Según la investigadora de la UCA, hay cada vez más
asistencia a los comedores. Si bien desde el 2010 al 2016 esta participación se
mantuvo en un rango del 25%, en el último año creció más de cuatro puntos
porcentuales y se fue a 32,7%. “No está siendo suficiente la AUH y la
asistencia directa ya que este indicador no ha dejado de subir desde
2014”, completa Tunón.
La especialista adelanta la publicación de otro trabajo en
donde estudios cualitativos en villas marcan “que la mayor parte de los
hogares comen exclusivamente de la comida que van a retirar de los comedores
comunitarios de los barrios”. “En estos hogares se bajó el consumo en
cantidad y calidad, por eso los niños redujeron la cantidad de comidas que
hacen al día”, grafica.
Según los datos del último año el 9,2% de los chicos en
Argentina pasó hambre. Una Tendencia que se encamina a aumentar en los próximos
meses, según adelantan otros especialistas.
Hábitat y salud
El informe destaca que el 51,3% de la infancia y
adolescencia reside en espacios barriales nocivos en términos de la
contaminación ambiental. Otros números que preocupan son que la precariedad en
la construcción de la vivienda afectó en 2017 a casi el 25% de la infancia, la
situación de hacinamiento al 22,5%, y las carencias en el espacio del
saneamiento al 46,2%.
La problemática del saneamiento está fuertemente localizada
en el GBA donde afecta al 63,7%. Sobre este punto Tuñon remarca que desde 2010
a la fecha hubo mejoras: en esa época afectaba al 47,2% a nivel nacional y el
año pasado se ubicó en 41,3%. Sin embargo, recalca que habrá que estar atentos
a cómo evoluciona este indicador pues la nueva política oficial de reducir más
el déficit fiscal podría afectar a las obras.
En otro orden, el 52,7% de la infancia en la Argentina tiene
como única opción para la atención de su salud el servicio público. Esta
dependencia alcanza al 80,9% de los chicos en el estrato más bajo. “Esto
nos hace preguntar cuales son los desafíos del Estado para garantizar la
atención de niños y adolescentes”, lanzó.
Otras variables
El 67% de los chicos escolarizados en la educación primaria
y secundaria asiste a escuelas de gestión pública. En cuanto a las carencias se
detectó que el 48,9% de los chicos en la escuela primaria carecen de ofertas en
el espacio de las nuevas tecnologías y un estudiante de escuela estatal tiene
3,5 veces menos chances de acceder a esta oferta que pares en escuelas de
gestión privada.
Esta variable se puede asociar también con el derecho a la
información. Si bien hay acceso a Internet en todas las franjas sociales, la
conectividad en el hogar es sensiblemente menor entre los más pobres que
dependen de conexiones móviles en su mayoría por tarjetas prepagas. También se
detectó deficiencia en los saberes tecnológicos.
“La escuela no está acompañando, se está corriendo y
cada vez enseña menos computación”, se lamenta Tuñón y recuerda que desde
2010 cuando se entregaron las netbook no hubo más actualización de programas y
de aparatos. “Observamos un estancamiento y un posición regresiva que va a
llevar a que crezca más la desigualdad social”, cierra.
Durante la presentación estuvieron presentes cuatro de los
68 candidatos a Defensores del Niño de Nación, un cargo que debe bregar por los
derechos del niño y que está vacante desde hace 12 años. El Congreso comenzó el
año pasado el proceso de selección pero quedó frenado con el recambio
legislativo. En la charla María Susana Ciruzzi, Marisa Graham, Juan Facundo
Hernández y Nora Pulido compartieron su preocupación por los resultados del
informe y explicaron que el rol que buscan ocupar podría tal vez ayudar a
mejorar esos indicadores.
En una evaluación final Tuñón sostuvo que desde 2010 a la
fecha hubo algunas mejorías. “Casi todos los aspectos están mejor, pero
los niveles de déficit son tan altos e inaceptables que es complicado pensar
que estamos mucho mejor”, sentenció.
Fuente: ÁMBITO.