Bolsonaro analiza flexibilidad máxima para el Mercosur

13 de diciembre de 2018

Las novedades que trajeron desde el país vecino los primeros
funcionarios argentinos que se reunieron con sus pares brasileños para comenzar
a trabajar sobre una agenda común, fueron desilusionantes.

Al extremo de tenerse ya la certeza en Buenos Aires que la
máxima que se comenzará a aplicar en la relación comercial bilateral, será que
cada país deberá procurar sus propios acuerdos comerciales bilaterales; según
su propia conveniencia. Y que, si bien no se lo mencionó con estos términos, lo
más probable es que haya una devaluación en el tipo de acuerdo que rija el
Mercosur, pasando de la actual “Unión Aduanera Imperfecta” a una “Zona de Libre
Comercio”.

La diferencia de status entre ambos conceptos es simple y
profunda: en la primera no hay lugar para acuerdos particulares con aranceles
diferenciados. En el segundo caso sí. Y la visión que se tiene hoy desde Buenos
Aires, es que habrá que esperar muy poco tiempo para que Bolsonaro se decida, y
comience una radical redifinición de la relación comercial de todo el Mercosur,
dentro del bloque y ante el mundo. Hay una tercera posibilidad, que es la que
se defiende desde Buenos Aires: revisar las adendas del Tratado de Ouro Preto
de 1994 (que dio origen institucional al comienzo de la unión comercial del
Mercosur), para verificar que tipo de mecanismos se permiten para flexibilizar
al máximo las conversaciones bilaterales con terceros actores; pero sin romper,
al menos en los papales, la Unión Aduanera. O, en todo caso, darle anabólicos
poderosos al concepto de Imperfecta.

Las novedades fueron encontradas en la reunión que el jueves
pasado tuvieron en Brasilia el ministro de Relaciones Exteriores argentino
Jorge Faurie; en la reunión que organizó su próximo colega Ernesto Fraga Araújo
en Brasilia, donde brindó sus cartas de presentación. Allí estuvieron también
el uruguayo Rodolfo Nin Novoa, el paraguayo Luis Alberto Castiglioni y, como
invitado especial, el ministro de Producción argentino Dante Sica, un experto
en cómo interpretar los mensajes industriales y comerciales que surgen de las
usinas públicas brasileñas. La información general que llegó de estos
encuentros a Buenos Aires, fue el empujón final que necesitó la Casa de
Gobierno para determinar el tipo de delegación que se enviará el 31 de enero a
Brasilia para recibir a Bolsonaro como jefe de Estado vecino. Si bien se había
anunciado oficialmente que Mauricio Macri en persona estaría presente en la
capital brasileña, el martes se anunció que (al menos por ahora) el presidente
argentino no interrumpirá sus días de descanso para abrazar a Bolsonaro. La
novedad es que tampoco viajará Gabriela Michetti, quién se ha especializado en
este tipo de encuentros, y que cubre a Macri en oportunidades de asunciones
latinoamericanas como la del mexicano Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo
Michetti tampoco viajará a Brasilia. La delegación argentina la encabezará
entonces Faurie, quién ya le había prometido a Fraga Araújo su presencia. Algo
bueno: ambos se conocen de los tiempos en que el canciller argentino era
responsable del ceremonial del Palacio San Martín, y Araújo una firme promesa
del cuerpo estable de Itamaraty.

 

Una vez que terminen los festejos comenzarán a confirmarse
las por ahora versiones sobre como manejará Bolsonaro sus relaciones
comerciales. Y el primer capítulo a resolver será el destino del acuerdo
demorado entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). La última esperanza de
Macri era que Buenos Aires sea la sede de la firma del tratado, al menos en sus
intencionalidades políticas. Bolsonaro se lo impidió. Ahora el acuerdo
ingresará en un estado de deliberación permanente, hasta que desde Brasilia se
defina se si oficializa que cada miembro del bloque sudamericano podrá negociar
por su propia vía el tratado que más lo favorezca. Una especie de reedición de
lo que ya rige entre el Mercosur y México. Desde la UE esta alternativa es la
que más entusiasma. De hecho, durante la cumbre del G-20 de comienzos de mes,
tres funcionarios europeos dejaron el guiño para avanzar en este sentido: el
ministro de Economía y Finanzas de Francia, Bruno Le Maire (enviado especial de
Emmanuel Macron para hablar del tema en Buenos Aires) y el presidente de la
Comisión Europea, Jean Claude Junker, y el presidente del Consejo Europeo,
Donald Tusk.

Todos esperarán que el fantasma proteccionista de Bolsonaro
defina sus próximos pasos. Hasta lo que se sabe, el brasileño es un enemigo
declarado, al menos en campaña, de los acuerdos de apertura económica; al punto
de prometer a sus votantes una era de proteccionismo moderno para la economía
industrial de su país. Entre los sectores que prometió proteger se incluyen los
electrodomésticos, los alimentos con valor agregado, los farmacéuticos, las
autopartes, plásticos, químicos e insumos industriales, entre otros rubros.
Todos estos se encuentran dentro de los sectores en los que ya había acuerdo
con la UE, con lo que de aplicar Bolsonaro sus promesas industriales de
protección expresadas en campaña.

Mientras tanto, un tercer actor permanece silencioso
esperando los movimientos de Argentina y Brasil. Se cree que Uruguay, cansado
de las trabas para avanzar en el pacto final, podría reclamar su independencia
para discutir unilateralmente un acuerdo independiente, lo que según el
estatuto del Mercosur, equivaldría el fin de la Unión Aduanera. Hasta lo que se
sabe, Nin Novoa se mantuvo en estricto silencio en el encuentro de Brasilia de
la semana pasada. Uruguay será anfitrión el lunes y martes de la próxima semana
de la última cumbre del año del Mercosur. La última oportunidad, quizá, de
lograr un acuerdo standard entre el bloque y la UE. Luego, todo dependerá de
Bolsonaro.