El accidental origen de la celebración se debe la exhortación de la pediatra Joycelyn Elders, ex secretaria de Salud de la administración de Bill Clinton, quien aquel 7 de mayo de 1995 sostuvo que la masturbación se debería considerar un buen método de prevención para evitar que los jóvenes se expusieran al sexo de manera insegura y un arma más para prevenir el VIH.
Su intervención en uno de los actos organizados por la ONU contra el SIDA fue aprovechada por el fabricante de juguetes sexuales Good vibrations para crear el Primer Día Mundial de la Masturbación. Según la empresa, la fecha sirve para homenajear a Elders, por atreverse a hablar de un tema tabú.
El discurso de Elders, sumado a sus posturas en favor de la legalización de la droga y la educación sexual en escuelas le valió su expulsión de la administración Clinton. Hoy, con 86 años, es profesora emérita de pediatría en la Universidad de Arkansas e insiste en que la masturbación debe incluirse en los programas de educación sexual. “Creo que es algo propio de la sexualidad humana, algo que debería ser enseñado”, subraya.
Más allá de la oportunidad comercial del Día de la Masturbación, estudios científicos han probado el carácter saludable de masturbarse, tanto en hombres como en mujeres. La autosatisfacción sexual mejora la función del sistema inmunológico y ayuda a generar resistencia ante las infecciones. Además, ayuda a dormir mejor. En los hombres, permite bajar la incidencia de cáncer de próstata.
En el caso de las mujeres, hay mayor resistencia a las infecciones por levaduras y libera la tensión premenstrual si se la practica con frecuencia. También permite reducir las molestias menstruales como los cólicos y otros malestares ginecológicos.
Incluso, la masturbación ha sido una de las recomendaciones para mantener la actividad sexual durante la cuarentena por la pandemia de coronavirus.
Como desventaja, también puede traer problema de pareja en caso de que uno de los dos prefiera esa práctica antes que el sexo o en el caso de que lo practique al extremo, algo que ocurre más en hombres que mujeres.