La Argentina tiene la mayor presión tributaria de la historia

29 de abril de 2019

En la ultima década, la presión impositiva se duplico. Entre
la carga previsional e impositiva una empresa de impuestos y de cargas sociales
paga casi el 150% al Estado. No solo en el plano económico, sino también en el
plano social, institucional, político y laboral se encuentra en plena
decadencia.

 

Una de las grandes causales de nuestra actual situación es
el estancamiento absoluto fogueado por la gran presión impositiva de carácter
brutal que priva a la gente de tener capacidad alguna de ahorro y a los empresarios
de contar con condiciones potables para potenciales inversiones.

 

Ambas cosas darían por resultado favorables empleos formales
y genuinos, con mejores salarios, empresas en crecimiento y con ello, una mejor
calidad de vida para todos los argentinos.

 

La presión impositiva se ha convertido en un perfecto
sistema de opresión camuflada.

 

La presión impositiva no solo nos oprime, sino que es
sentida por la población y a veces no nos damos cuenta, o peor si nos damos
cuenta y terminamos siendo sufrientes de las impericias, negligencias e
imprudencias de toda nuestra dirigencia política.

 

En los años 90, la presión impositiva ya era del 22% del
PBI, el Estado había crecido un 25% y las ayudas sociales representaban una
cantidad cercana a las 500.000.

 

El aumento del Estado en estos años no había dado muestras
de tener relación con una mejora en la calidad de vida de la gente, por el
contrario, prácticamente el resultado fue lo opuesto: en esos años la inflación
se disparaba y la pobreza mostraba franco aumento.

 

A mediados de 2003 y ya con el horizonte puesto en la crisis
que vendría, de a poco la presión tributaria se fue incrementando hasta llegar
al 22% del PBI.

 

El Estado crecía un 20% en relación a la década anterior y
ya llevaba un crecimiento acumulado de un 50% desde los comienzos de la
democracia.

 

El impuesto a los movimientos bancarios y las retenciones a
las exportaciones eran las novedades de la década, pero a diferencia de lo
actual, salimos de la crisis con menos impuestos que los que tenemos
actualmente.

 

La pobreza se mantuvo en un promedio al 29% y los planes
sociales ya superaban los 3 millones.

 

En la Argentina de 2012, la presión tributaria representó
alrededor de 36% del PBI.

 

El Estado había crecido un 30% más y ya había duplicado su
tamaño desde la vuelta a la democracia.

 

Los planes sociales, eran la vedette del momento, ya
alcanzaban los 10 millones, y la pobreza nunca descendió de los niveles del
30%.

 

No nos olvidemos de nuestro castigado índice de precios, “la
inflación”, endémica en nuestro país, que rondaba por aquel entonces desde los
40% y hasta 50 puntos.

 

Todos estos factores, acompañados de la creciente presión
tributaria volvieron a dar serias muestras de estancamiento económico el cual
había llegado para quedarse, y se quedo, para estar bien presente en toda esta
década.

 

Hoy, la presión tributaria roza el 40%. La presión fiscal
efectiva muestra qué porcentaje del PBI es recaudado por el Estado en forma de
impuestos y se utiliza para medir el peso tributario del país

 

Cuando van a comprender que. la altísima presión tributaria
es una de las principales debilidades de la economía argentina.

 

Por cada 12 meses del año, los argentinos trabajamos siete
para el Estado, para pagar, casi confiscatoriamente, los impuestos y cinco
meses para nosotros.

 

El Estado nos ha empobrecido, nos ha quitado las
posibilidades de ser un país mejor. Y no solo son cuestiones meramente
numéricas: cuanto mayor es la presión tributaria, menores son nuestras
libertades.

 

Tenemos 82 tributos a nivel Municipal, 40 a nivel nacional y
41 a nivel provincial, 163 impuestos en el país, miles de regulaciones y una
burocracia que nos devora todos los días, lo infame es que con el 10% de los
principales impuestos (IVA, Ganancias, Seguridad Social, etc.) se genera la
masa recaudatoria del país.

 

La cantidad excesiva de impuestos representa nuestra
incapacidad para administrar, lo que es de todos. Basta comparar con otros
países y darse cuenta. ¡Queremos ser más libres!

 

Debemos ser conscientes que “sin empresas no hay empleo”,
“sin empleo no hay consumo”, “sin consumo no hay economía” y sin estos
factores, no hay país serio que resista análisis. Seamos capaces de comprender
lo que somos para poder llegar a transformar esta penosa realidad con un Estado
distinto y con un futuro amigable para las generaciones venideras.

 

Cada emprendedor, comercio o pymes que cierra sus persianas
se configura en una nueva familia más cerca de la pobreza.