La carne vacuna pierde protagonismo en la mesa argentina y registra su menor consumo en 21 años

15 de febrero de 2026

El consumo de carne vacuna volvió a retroceder y alcanzó en enero de 2026 su nivel más bajo en más de dos décadas. El dato refleja el impacto directo de la inflación sobre los ingresos familiares y confirma una transformación silenciosa en la mesa de los argentinos.

Según cifras difundidas por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados, el promedio anual por habitante se ubica entre 44 y 48 kilos, muy por debajo de los registros que durante años identificaron al país como uno de los principales consumidores de carne bovina del mundo. La caída no es reciente, pero sí se profundizó en el último tiempo.

El encarecimiento sostenido de los cortes tradicionales, sumado a la pérdida del poder adquisitivo, obligó a muchos hogares a reorganizar sus compras. En ese escenario, el pollo y el cerdo comenzaron a ocupar un lugar cada vez más frecuente como alternativas más accesibles, desplazando parcialmente a un producto históricamente central en la cultura alimentaria nacional.

Desde el sector señalan que el fenómeno no responde a una merma significativa en la producción, sino a una contracción del mercado interno. Es decir, la oferta se mantiene, pero la demanda perdió fuerza frente a precios que superan la capacidad de compra de buena parte de la población.

Un dato que grafica el cambio es que, por primera vez en la historia reciente, el consumo de pollo supera al de carne vacuna. La modificación en los hábitos no parece circunstancial, sino ligada a una nueva realidad económica que redefine prioridades en el gasto cotidiano.

Mientras tanto, la cadena cárnica sigue de cerca la evolución del mercado local y apuesta a sostener su actividad con el impulso de las exportaciones. Sin embargo, el descenso sostenido del consumo interno abre interrogantes sobre el lugar que ocupará el tradicional asado en los próximos años dentro de la dieta argentina.