Los números que manejan los juzgados de familia
indican que la cuarentena no fue sencilla puertas adentro. «Estamos
viviendo una verdadera pandemia de divorcios», apunta Andrea Efron,
mediadora prejudicial, especializada en derecho familiar y en procesos de
divorcios pacíficos. Las audiencias de mediación predivorcio aumentaron un 35%
desde marzo. «Hoy, las parejas no se separan por una infidelidad sino por
la convivencia», resume Osvaldo Ortemberg, abogado de familia.
«Quién se conecta al Zoom con los hijos fue uno
de los temas más recurrentes en los pedidos de divorcio», dice Eliana
Groisman, una abogada a la que se le cuadruplicó el trabajo en cuarentena, y
que acaba de publicar un libro sobre cómo la pandemia impactó en el derecho de
familia.
«Los abogados siempre decimos que marzo es
temporada alta de divorcios porque la relación se deteriora por los 15 días de
convivencia de las vacaciones. Esto es eso mismo pero potenciado. La cuarentena
puso en evidencia la desigual división de tareas que se da en la mayoría de las
familias. Y las nuevas tareas que aparecieron, como el acompañamiento escolar
recayó sobre las mujeres», explica.
«No es que la cuarentena haya creado el
conflicto, sino que aceleró los procesos y obligó a muchas parejas, que
compartían muy poco, que apenas se veían a la mañana y a la noche, a pasar
muchas horas juntos. Y para muchos fue descubrir que convivían con un
desconocido», detalla Efron. «La ley no estaba preparada para esta
pandemia. Pero hubo que adaptarse rápido y hoy los divorcios se hacen por Zoom
y se notifican por WhatsApp», cuenta.
Como
mediadora prejudicial, Efron recibe a las parejas que decidieron separarse a
acordar los términos de la convivencia o de la separación. «Las audiencias por Zoom son más
ordenadas que las presenciales, porque las partes están muteadas y
tienen que hablar cuando se les da la palabra. No es sencilla la separación en
este contexto, porque si el problema es la convivencia y la solución es la
separación física, hay que poder alquilar otra vivienda o tener a donde
ir», asegura.
Muchas
parejas en este tiempo descubrieron que la
clave de todos estos años para llevarse bien era pasar poco tiempo junto.
Para otras, el detonante fue tener que blanquear quién hacía todo ese trabajo
invisible dentro de la casa. O quién asume las tareas cuando las personas que
cuidan a los chicos o limpian la casa no están. «Mucho de todo eso recayó
sobre las mujeres y los conflictos
que estaban latentes se hicieron evidentes«, asegura Ortemberg.
Un estudio del Observatorio
de la Facultad de Psicología de la UBA marca que la crisis del
coronavirus deterioró la relación de una de cada tres parejas. Al comienzo de
la pandemia, el observatorio realizó el estudio «Familia, pareja y crianza
en contexto de pandemia». Compararon cómo se sentían las parejas a los 10
días y a los 80 días de encierro. La conclusión principal fue que el ánimo
general la relación empeoró con el correr de los días.
El 30% dijo que la relación de pareja se deterioró
en los primeros dos meses y medio de la cuarentena. Además, los que
mayores problemas de pareja enfrentan fueron los que viven separados, seguidos
por los que conviven con hijos chicos. Cuando se hizo un estudio similar a los
seis meses de la pandemia, el
36% de los consultados dijo que la relación con su pareja se deterioró por la
crisis del coronavirus. De los vínculos familiares, fue la relación
que más empeoró par la pandemia.
El acompañamiento
escolar fue la gota que rebalsó el vaso, asegura Groisman. «Muchos hombres se
enteraron en esta cuarentena de qué se trataba tener todo el día a los chicos
en la casa. También hubo padres separados que pedían ver a los hijos solo los
fines de semana para no tener que conectarse a los Zoom. Todo el trabajo extra que significó
sostener la educación a distancia recayó en mayor medida en las madres»,
explica.
«Nosotros
tenemos muchísimas más consultas que antes de la pandemia. El año pasado, las
consultas habían bajado por la crisis. Ahora a pesar de que la situación
económica está peor, para muchos la
convivencia se volvió insostenible«, explica Ortemberg.
Las estadísticas del Juzgado Nacional Civil
N°23 a
las que accedió LA NACION indican
que durante 2019, se tramitaron 196 divorcios. En tanto, hasta mediados de noviembre, para 2020
se registraron 150 divorcios. A simple vista, no parece haber cambios
en las estadísticas.
«Ese número hay que mirarlo en términos de
lo que significa. La pandemia trajo un aumento de la conflictividad de las
parejas. Pero cambiar de vivienda, mudarse, vender una casa, pagar un juicio de
divorcio es algo que muchas parejas están dejando para más adelante. En esta etapa, lo que necesitan es hacer
cesar el conflicto, cuyo origen hoy es la convivencia. Algunas
parejas optan por un acuerdo de convivencia temporal, hasta que se resuelta la
pandemia. Y otros tienen que buscar la manera de que alguno de los dos se vaya,
aunque sea a la casa de uno de los padres. Son pocas las parejas que logran
seguir conviviendo sin pelearse, porque están en plena efervescencia del
conflicto», dice Ortemberg.
Groisman
apunta que el aumento en la cantidad de
divorcios se va a ver en términos estadísticos en los próximos meses.
Antes
de que empezara la cuarentena, Melisa
y Román llevaban dos años separados. Pero cuando
empezó el aislamiento forzado, decidieron volver a compartir el techo, ya
que en ese momento el decreto presidencial indicaba que no podían ser
trasladados los chicos de una casa a otra. Anabella, la hija de 6 años estaba
feliz. Pero la tranquilidad no duró mucho, cuenta ella. Al principio, cada uno
respetaba al otro y los espacios estaban bien definidos. Pero con la convivencia todo se empezó a
desgastar. Yo me sentía invadida, y tenía que compartir decisiones que
no estaba dispuesta a compartir. Por suerte, fue solo un mes, porque después se
autorizó el traslado de los chicos a la casa de los padres. Pero si no hubiera
terminado todo mal», se sincera Melisa.
Los centros de atención a las víctimas de violencia intrafamiliar
dan cuenta de que los llamados y pedidos de ayuda se
dispararon durante la cuarentena. Y que la convivencia forzada no hizo
sino agravar situaciones familiares conflictivas.
«Las
situaciones de violencia familiar aumentaron porque las personas agresivas en entornos
cerrados se potencian«, explica Mónica Cruppi, miembro de la
Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
«El
encierro es un contexto de excepción y trae aparejado situaciones emocionales
complejas. Aquello que se desmentía de los vínculos y que la vida acelerada y
obligaciones de la sociedad prepandémica ayudaban a ocultar, y en esta
convivencia forzada salieron a la luz. La
cuarentena despertó en algunas personas reacciones desconocidas para ellos y
también para las parejas. Por ejemplo, alguno de los miembros de la
pareja se deprimió y apareció una situación nueva a afrontar dentro de un
contexto de incertidumbres. Esto es algo que en este tiempo se ve
permanentemente en el trabajo clínico», agrega.