Si piensas en pararte a admirarlas, es bastante difícil ya que como
mucho alcanzan los 6 cm de longitud, apenas se ven, tanto por el tamaño
como por su color, similar al de las ramas y el tronco del árbol.
Además, cuando detectan que hay presencia humana, dejan de cantar.
En realidad, no cantan, sino que emiten sonidos, lo que viene a ser oficialmente “estridular”.
Lo mismo que hacen los grillos, aunque comúnmente siempre se dice que
cantan porque es lo que parece. Y no cualquier chicharra canta:
solamente lo hacen los machos.
Para emitir estos sonidos no utilizan la boca, lo hacen con unos sacos de aire que tienen situados en el abdomen
y que se inflan y desinflan a través de membranas que se llaman
timbales. Estos sonidos son en realidad diferentes mensajes que quieren
expresar, y las hembras pueden captarlos hasta a un kilómetro de
distancia.
La potencia de su “canto”, insoportable si lo escuchas mucho tiempo,
aumenta según lo hacen las temperaturas. Es por ese motivo que parece
que las chicharras cantan con mayor intensidad durante una ola de calor o
en las horas centrales del día, cuando más altas son las temperaturas.
Los machos estridulan de manera diferente dependiendo de si lo que quieren es marcar territorio, emitir una señal de alarma o atraer sexualmente a las hembras.
Ellas tienen un tímpano mucho más grande y sensible que el de ellos,
precisamente para poder escuchar su llamada desde la distancia.
Increíble, pero cierto.