Una larga reunión en Casa Rosada con tres
ministros y una cena en Olivos con el Presidente concentraron la agenda del
Gobierno, que busca cerrar filas con sus aliados para avanzar en la discusión
por el Presupuesto con el peronismo y dejar atrás los cortocircuitos
permanentes en la coalición oficialista.
Los gobernadores de Mendoza, Alfredo Cornejo; de Corrientes,
Gustavo Valdés; de Jujuy, Gerardo Morales; el senador Angel Rozas; el jefe del
interbloque de Diputados Mario Negri y el líbero y preferido de Macri, Ernesto
Sanz, llegaron a la Casa de Gobierno pasadas las 17.30. Del otro lado, los
recibieron en el despacho del jefe de Gabinete, el anfitrión Marcos Peña, y el
ministro del Interior Rogelio Frigerio. Más tarde se sumó el titular de
Hacienda, Nicolás Dujovne.
Algunos dirigentes radicales buscaron minimizar los
cortocircuitos y señalaron que fue una discusión técnica sobre el Presupuesto
que deberá incluir la meta del 1,3% del PBI de déficit que compromete el
acuerdo con el FMI. La asociaron a la reunión que tuvieron en la misma
dirección de la que habían tenido la gobernadora María Eugenia Vidal y Horacio
Rodríguez Larreta, el último viernes en Olivos. Este miércoles, los ministros
de Economía de los 3 distritos distritos que controla el radicalismo se
reunirían para afinar números con Dujovne y Frigerio. Se había especulado con
las presencia de Ciudad y Provincia, pero no irán.
Sin embargo, la política no fue ajena. Los radicales se
enteraron por los medios de la reunión de los principales dirigentes macristas
con gobernadores del PJ y Miguel Pichetto en San Isidro. Los representantes del
Ejecutivo, que primero negaron esa reunión, terminaron por conceder que había
existido.
Esa reunión secreta para avanzar en la viabilidad de un
acuerdo por el Presupuesto fue la que terminó de desencajar a los radicales.
Mucho más que el cruce mediático con Elisa Carrió, que “en broma” había
asegurado que controlaba a los radicales y más “en serio” señaló la cercanía de
Cornejo con el kirchnerismo, la UCR se siente desplazada. “Quedamos en
fortalecer Cambiemos, pero el PRO se corta solo con el PJ y nos enteramos por
los diarios”, plantearon los radicales.
Frigerio y Peña explicaron a sus socios la estrategia de
reuniones bilaterales con el peronismo para consensuar un proyecto y
presentarlo antes del 15 de septiembre, fecha límite. Dujovne, por su parte
brindó un diagnóstico de la situación económica. La principal obsesión que hoy
cunde en el Gobierno es estabilizar el dólar. Los radicales están preocupados
por la recesión económica de cara al año electoral, pero la tasa de referencia
del Central no se tocará hasta que haya signos de que la moneda estadounidense
se haya fijado en un precio razonable.
En la reunión les prometieron a los radicales que tendrán un
lugar en la mesa de negociación con el peronismo.
Las quejas contra Carrió igual se escucharon. Peña recordó
las declaraciones que hizo por la mañana, tras la reunión de Gabinete. “Hay que
tener cuidado y no decir cosas por más que sean chistes”, había dicho. Uno de
los principales interlocutores del PRO con la jefa de Coalición Cívica negó que
Carrió empuje una ruptura. “Está más macrista que nunca”, dijeron. En el PRO le
piden a la aliada que los reclamos sean puertas adentro y no a través de los
medios, un reclamo que también podría caberle a la UCR.
El enojo radical desde que Cornejo reemplazó a José Corral
al frente del Comité Nacional es una constante; tanto como la verborragia de
Carrió. Una de las voces más dialoguistas del PRO advirtió que los radicales no
pueden pretender cogobernar desde sus provincias. «Lo mismo corre para
Vidal y Larreta», señaló. El
titular de la UCR partió a Olivos junto a Peña.
Macri apeló a la misma estrategia de contención que en cada
crisis con los radicales. Con asado y frutillas a la crema de postre buscaron bajar
la tensión. «Fue más una reunión de camaradería para bajar la
tensión», resumieron en el Ejecutivo. Por las dudas, nadie habló con el
micrófono encendido.
CLARÍN.