Y añade: “su consumo ayuda a cortar la diarrea, a evitar la deshidratación provocada por vómitos (ya que los mucílagos retienen agua), y a fortalecer los estómagos delicados. Las pectinas y mucílagos también reducen la absorción intestinal del colesterol y potencian la acción depurativa del hígado”.
Poco más se puede destacar de esta fruta, porque el resto de elementos que reúne aparecen en cantidades modestas. Sin embargo, se puede resaltar su contenido en provitamina A (necesaria para fortalecer piel, cabello y mucosas), en potasio (básico para el correcto funcionamiento de los músculos y las transmisiones nerviosas), calcio (imprescindible para huesos y dientes) o en magnesio (importante para el buen funcionamiento de los intestinos).
Además, también contiene ácido málico, una sustancia que forma parte del pigmento vegetal, que da sabor a la fruta, “con propiedades desinfectantes y favorecedoras de la eliminación del ácido úrico”, indica la FEN.
Si se opta por el dulce de membrillo, entonces desaparecen la mayor parte de los nutrientes (debido a la cocción) y su elevado contenido en azúcar lo transforman en un alimento para tomar con discreción.
