La confirmación de que Misiones se encuentra entre las provincias con los salarios promedio más bajos del país volvió a encender la bronca. Más allá del dato estadístico, los comentarios dejaron en claro que el malestar es viejo y profundo: sueldos que no alcanzan, precios por las nubes y una sensación de estancamiento que, según los propios lectores, se arrastra desde hace décadas.
Buena parte de las críticas apuntaron directamente al modelo político provincial. “El 80% vive de un sueldo del Estado misionero y el resto trabaja para empresas que pagan una miseria. Así es, un logro de la Renovación”, escribió Juan González. En la misma línea, Alberto Fraga sostuvo que Misiones es “la provincia que más dinero recibe de Nación” y aun así mantiene salarios bajos, mientras otros usuarios hablaron de una “aduana paralela” que nadie explica a dónde va a parar.
La resignación mezclada con enojo también apareció una y otra vez. “Vine a vivir a Misiones en el 86 y ya era así”, comentó Daniel Valdez. Roque Sundhoff fue todavía más duro: “Lo mismo siguen votando porque el sueldo está el 30, sea poco o mucho. Rebaño sumiso el misionero”. Para muchos, cobrar en fecha no compensa la pérdida constante del poder adquisitivo.
El contraste entre salarios y costo de vida fue otro eje central. “Salarios más bajos y las cosas más caras”, resumió Víctor Batista. Susana Mayerhofer agregó: “Con los precios más altos del país, todo el triple”. Otros apuntaron directamente a los servicios: “La luz y el agua son un calvario todos los meses, no te alcanza para nada”, escribió María Bruno, una queja que se repitió decenas de veces.
También hubo quienes pusieron en duda los números oficiales. “No sé de dónde sacan ese salario de novecientos mil, no llegan ni a 800 mil”, afirmó Erni Junis. Jubilados y trabajadores rurales contaron experiencias personales que describen ingresos muy por debajo de lo que se necesita para vivir, en un contexto de aumentos permanentes.
El tono subió todavía más cuando aparecieron referencias directas al poder político que gobierna la provincia desde hace más de 20 años. “Gracias a la dictadura rovirista que venimos padeciendo hace más de dos décadas”, escribió Fabián Delgado, quien agregó que la gente “se queja pero le sigue votando”, mientras la luz, el agua, el transporte y los impuestos no paran de subir.
Esa idea se repite en otros mensajes que describen una provincia dependiente del empleo público y sin alternativas reales. “La más pobre y la que más empleados públicos tiene”, comentó Claudio Garrido. Otro lector fue lapidario: “Somos tan buenos… hace años venimos aceptando miseria y robos”, reflejando una resignación que convive con bronca acumulada.
La comparación entre los ingresos de la gente común y los de la dirigencia también fue constante. “Aclaren de los trabajadores, porque los políticos cobran muy bien sin trabajar”, reclamó Ricardo Martínez. En la misma línea, Isaac Molina sostuvo que “los políticos cobran millonadas y no hacen nada”, mientras jubilados del IPS contaron que sobreviven con haberes que no cubren lo básico.
El malestar se completa con la percepción de que Misiones es una de las provincias más caras para vivir. “Salarios más bajos, costo de vida más alto y más impuestos que otras provincias”, resumió Daniel Armónico. Otros mencionaron la aduana paralela, los monopolios de servicios y la falta de controles como parte de un esquema que siempre termina golpeando al mismo bolsillo.
Más allá del salario promedio, las redes dejaron una postal cruda y conocida en la tierra colorada: hartazgo, descreimiento y bronca. Son palabras de la gente, dichas sin filtro, que muestran que para muchos misioneros el problema no es nuevo, y que vivir con sueldos bajos en una provincia cara se volvió una rutina tan injusta como normalizada.