Más allá de la actuación de Darío Herrera, de penales sancionados y sin sancionar, del discutible manejo que hizo de las tarjetas y de las sonoras quejas de la gente del Globo. Más acá de que la balanza de jugadores decisivos haya estado muy desbalanceada a favor del Cuervo (Blanco, Belluschi, Ortigoza de un lado; Romero Gamarra y poco más del otro), el clásico se puede explicar en apenas 240 segundos, perfectamente repartidos por la mitad.
No pasaba mucho en el partido cuando a los 27 del primer tiempo, justo después de la pausa para hidratarse y combatir el calor, Huracán tuvo un tiro libre en tres cuartos de cancha sobre la derecha. Todo San Lorenzo se paró en la línea del área y casi todos los de blanco fueron a buscar el cabezazo, pero Bogado soltó un centrito débil y anunciado que cayó en la cabeza de Cauteruccio. El uruguayo rechazó y arrancó la carrera, recibió la devolución de Mussis y ya no frenó más. No necesitó gambetear a nadie ante una defensa que retrocedía sin ofrecer oposición, aprovechó que Belluschi cruzó por derecha arrastrando a Mancinelli, pisó el área y le pegó abajo, no demasiado esquinado, pero sí con la fuerza suficiente para superar el manotazo de Marcos Díaz. 1-0.
180 segundos más tarde, Alejandro Romero Gamarra entró tirando paredes por la derecha y despachó un centro envenenado, de esos que a los arqueros llenan de dudas entre salir o quedarse. Sebastián Torrico vaciló y se aferró a la raya de cal. Ignacio Pussetto, que llegaba del otro lado, le ganó la cuerda a Paulo Díaz y la empujó de aire para lo que parecía gol seguro (y además se llevó una patada del chileno que bien pudo sancionarse con penal). Pero entonces el arquero azulgrana se despegó del suelo, arqueó su cuerpo en el aire y con un guantazo asombroso evitó el empate.
La segunda secuencia tuvo lugar en el complemento. Ricardo Caruso Lombardi intentaba tirar su equipo hacia adelante, primero con el ingreso de Mendoza, un delantero centro, por Pussetto; enseguida, con la entrada del Pato Toranzo para instalarse detrás del doble 9 y ser el arquitecto de la remontada. Iban 11 minutos de la parte final.
Sobre los 14, Toranzo y Belluschi fueron a disputar una pelota en mitad del campo. El de San Lorenzo llegó tarde y cometió una falta algo aparatosa; el de Huracán, clavó sus tapones en el cuerpo del rival en el momento de la caída. Herrera juzgó que era intencional, una circunstancia que en el fondo solo conoce Toranzo, y echó al volante recién ingresado.
La roja desarmó cualquier plan que hubiera pergeñado el técnico del Globo y tuvo el efecto del olor a sangre en las filas locales. Otra vez pasaron 180 segundos, armó el ataque por la derecha el equipo de Aguirre, apareció Blanco por el centro, hizo un amague, dos enganches y definió de zurda para bajar la persiana de un clásico que dejó material para el análisis durante 90 minutos, pero se decidió en apenas 240 segundos.
«Justos ganadores». El capitán de San Lorenzo, Néstor Ortigoza, consideró que merecieron la victoria. «Fuimos justos ganadores, le manejamos el partido. Desde el minuto cero al noventa fuimos superiores. Manejamos los tiempo y creamos la mejores situaciones», analizó .
Por su parte, el delantero uruguayo Martín Cauteruccio, autor del primer gol, resaltó el funcionamiento del equipo. «Cada uno aporta su granito de arena y hace su parte. El equipo se brindó al máximo y me dio la posibilidad de hacer esa jugada para marcar», dijo.
Fuente: La Nación.