Hoy todo es un poco diferente porque en general no
hay «películas», sino que se diseñan clips breves específicamente
diseñados para cada una de las fantasías o perversiones del espectador. En
estos clips, si bien hay desarrollo narrativo (mínimo), lo que importa es la
acción directa y la actuación de los performers.
Siempre es bueno recordar que,
incluso si por las particulares características del acto sexual aparece el
placer real, no es indispensable y en la mayoría de los casos se finge el
placer, lisa y llanamente, se actúa. Y en ese tipo de actuación, aparece una
notable asimetría de las muchas que separa a hombres de mujeres en la
pornografía. Los hombres suelen actuar mejor cuando están vestidos y las
mujeres, cuando están desnudas.
En el porno mainstream, el foco está colocado
siempre en las mujeres, como alguna vez lo explicamos, y el hombre se reduce a
ser solo su sexo. Incluso en la dimensión sonora suele estar más aprovechado el
gemido o el grito femenino que el masculino.
Alguna vez contamos, además, que
muchas secuencias heterosexuales suelen cortarse en medio de la producción
porque el hombre culmina antes de tiempo. En esos casos, dados los costos de
filmar y producir (los técnicos cobran por hora de trabajo), se espera a que el
actor pase el período refractario y se sigue desde donde se estaba, como pasa
con cualquier rodaje y cualquier película no porno después de un corte en medio
de una escena. La actriz debe actuar entonces una excitación que no está más
que en la fantasía que se esta rodando, y además moverse y contorsionarse de
modos que son poco frecuentes en la vida fuera del set.
Es una actuación
puramente física que debe convencernos de que sucede lo que no sucede, y
hacerlo cuando además la cámara nos muestra todos los datos físicos posibles
para que creamos que sucede lo que no sucede.
que les va a parecer forzada
la comparación, pero aseguro que es pertinente: actuar en el porno es bastante
similar a actuar frente a una pantalla azul en un filme de superhéroes, donde
también deben convencernos de que están frente a aquello que en realidad no
están viendo porque aparecerá en el filme cuando se edite. Hiperrealismo e
hiperfantasía se tocan, como todo extremo.
Por eso es que muchas actrices porno prefieren escenas con
otras mujeres en lugar de filmar con hombres. Las ventajas son muchas. En
primer lugar, se lastiman menos. En segundo, se filman más rápido, porque los
cortes «por accidente» son mucho menores (no implica que, por
ejemplo, en una pose, una de ellas no se acalambre y haya que parar, pero eso
es mucho menos frecuente que el descontrol de próstata del actor porno). En
tercero, el placer es mucho más «real», en la medida en que la curva
de excitación de las mujeres es diferente de la de los hombres y, cuando una
chica está con otra, ambas se sincronizan.
Aunque parezca irrelevante, es uno
de los motivos más importantes: la frustración sexual que generan las
secuencias hétero muchas veces llevan, a la larga, a problemas como la
depresión (lo cuentan muchas actrices en diferentes reportajes, pueden buscarlo
o creerme). Las secuencias entre mujeres no generan esa clase o tipo de
frustración física. Y son, como dijimos, más seguras y placenteras para las actrices.
Claro que esto implica que sean al menos bisexuales, pero la mayoría de las
performers de la industria porno o lo son como elección sexual o lo sostienen
al menos en el trabajo.
Lo que, curiosamente, nos lleva a otra asimetría importante
en este campo. Desde los años setenta hasta la fecha, es decir desde que se
creó la industria hasta que se volvió trivial, la mayoría de las películas
porno mainstream -es decir, las que están dedicadas a un público general, no a
«nichos» específicos- contienen al menos una secuencia lésbica. Pero
no contienen jamás una secuencia gay. Al menos en occidente: en Japón una de
las variedades de hentai más consumida por las adolescentes es el
«yaoi», estrictamente romance y sexo homosexual masculino. Pero Japón
es, como hemos visto varias veces, una excepción a la regla en muchísimas
cosas. En general, la homosexualidad masculina está restringida al porno gay,
hecha por y para hombres homosexuales. Incluso si algunas mujeres hoy, ante la
posibilidad de ver toda clase de materiales Internet mediante, suelen acercarse
a estos contenidos.
La razón por la cual existe esta restricción en la
producción de contenido pornográfico es siempre la misma: aunque las sociedades
han cambiado y son, en teoría, más tolerantes -especialmente las más jóvenes-
todavía se produce con un esquema mental que tiene como modelo al hombre
heterosexual de entre veinte y cuarenta años, alguien que no quiere ver otros
hombres sino mujeres utilizadas por hombres o mujeres gozando con mujeres.
Sería demasiado decir que es todo puro prejuicio: por cierto los hay, pero
también se basan sobre el hecho de que efectivamente los mayores consumidores
de pornografía son los adultos masculinos de entre veinte y cuarenta años.
Aunque también sucede otra cosa: las mujeres hoy alcanzan hasta el treinta por
ciento del público de la pornografía, un porcentaje que crece año a año. Y
también son muchísimo más curiosas a la hora de buscar contenidos.
Lo que
genera una última asimetría: las mujeres buscan sobre todo sexo lésbico
(recomendamos leer los reportes anuales de PornHub) y pornostars femeninas,
mientras que los hombres no suelen buscar sexo gay (un poco es lógico dado lo
que venimos diciendo) ni siguen pornostars masculinas, sino a las mismas que
siguen las mujeres. Lo que nos lleva a la última y más rara de las asimetrías:
como también lo dijimos muchas veces, el porno es la única industria donde las
mujeres pueden cobrar hasta diez veces lo que cobra el hombre. Porque son ellas
las que «venden» el producto (con excepciones, por supuesto: nadie
negaría que Nacho Vidal o Rocco Siffredi son grandes vendedores de porno). Pero
todo está orientado hacia lo femenino como núcleo de exposición, no a lo
masculino.
Probablemente en el futuro, si vuelve a haber películas porno, algunas
de estas diferencias desaparezcan, pero mientras todo sea contenido de nicho,
permanecerá así: el porno, créase o no, es de lo más conservador que hay.
FUENTE: BN.