El costo de vida volvió a mostrar una presión mayor a la inflación general durante agosto. La canasta básica total (CBT) aumentó 2,6% y una familia tipo necesitó $1.605.497 para no caer por debajo de la línea de pobreza, según los datos difundidos por el INDEC.
El incremento de la CBT fue el más alto de los últimos cinco meses y volvió a superar con claridad al índice general de precios, que durante el mismo período avanzó 1,7%.
La medición tomó como referencia a un hogar integrado por un hombre de 35 años, una mujer de 31, un niño de 6 y una niña de 8 años. Para ese grupo familiar, los ingresos mensuales debieron superar los $1,6 millones para cubrir el conjunto de bienes y servicios que componen la canasta.
La Canasta Básica Alimentaria (CBA) también registró una suba del 2,6% en agosto. En este caso, una familia necesitó $726.469 para cubrir sus necesidades alimentarias y no quedar debajo de la línea de indigencia.
Los datos marcaron así una diferencia importante frente a la inflación general. Mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 1,7%, tanto la canasta alimentaria como la canasta total avanzaron casi un punto porcentual más.
El comportamiento de agosto profundizó además una tendencia que se mantiene desde hace varios meses. La canasta básica acumula casi un año con variaciones mensuales superiores al 2%, aunque entre diciembre y enero había alcanzado registros cercanos al 4%.
El dato se conoció el mismo día en que el INDEC informó la inflación de agosto, que con el 1,7% registró su nivel más bajo en 14 meses.
La desaceleración del IPC estuvo vinculada en parte al comportamiento de los precios estacionales, que durante agosto registraron una caída del 0,9%, especialmente después del cierre del período de vacaciones de invierno.
Entre los rubros que mostraron una menor presión se encontraron restaurantes y hoteles, además de recreación y cultura, sectores que suelen registrar movimientos importantes durante los períodos de vacaciones.
Sin embargo, la inflación núcleo, que excluye los precios estacionales y los regulados, se ubicó en 1,8%, prácticamente en el mismo nivel que el mes anterior.
La diferencia entre la inflación general y el avance de las canastas volvió a poner el foco sobre el impacto que tienen los precios de los alimentos y otros gastos esenciales en los ingresos de los hogares.
Para las familias que se encuentran cerca de la línea de pobreza, una variación mensual de la canasta superior al IPC implica una presión adicional sobre el presupuesto y eleva el ingreso necesario para cubrir las necesidades básicas.
Con los nuevos valores, el umbral de pobreza para una familia tipo quedó por encima de los $1.600.000 mensuales, mientras que el límite para no ser considerada indigente superó los $726.000.
Los números oficiales también muestran que la desaceleración de la inflación no se trasladó de manera uniforme a todos los componentes del costo de vida.
Así, mientras el índice general mostró una de sus menores variaciones en más de un año, las canastas que utiliza el INDEC para determinar los niveles de pobreza e indigencia registraron un aumento considerablemente mayor.
El dato dejó planteado uno de los principales desafíos del actual proceso de desinflación: que la reducción del ritmo general de los precios también alcance a los gastos esenciales que determinan cuánto dinero necesita una familia para llegar a fin de mes.