Entre reprogramaciones y meses de espera: la odisea de conseguir turnos en hospitales de Misiones

4 de diciembre de 2025

La queja se multiplica entre los vecinos de Posadas y del interior. Conseguir un turno médico parece una carrera de resistencia. Muchos pacientes aseguran que en el Hospital Madariaga los turnos se entregan para dentro de un mes o un mes y medio. Y cuando por fin llega la fecha aparece la sorpresa amarga: reprogramaciones de dos o tres semanas adicionales que vuelven a tirar abajo cualquier expectativa de atención rápida.

Las historias se repiten y muestran el nivel de cansancio de la gente. Alicia Ferreira, vecina del barrio A4, contó que viene esperando desde septiembre para ver a un cardiólogo. “Yo tengo presión alta desde hace años y no puedo estar adivinando si algo anda mal. Cuando pedí turno me dieron para noviembre. Y cuando llegó noviembre me pasaron para diciembre. Me siento desprotegida”, dijo.

El sentimiento de desprotección se escucha por todos lados. La salud, según los propios pacientes, no puede ser un proceso interminable ni una agenda que cambia cada quince días. “Uno no va al hospital porque está aburrido. Va porque siente algo raro, porque aparece un dolor o porque la cosa no mejora. Esperar tanto tiempo es un lujo que la gente común no puede darse”, comentó Rubén Lober, remisero de Garupá, quien todavía espera una consulta con traumatología por una lesión en la rodilla que le impide trabajar con normalidad.

En el Hospital Madariaga la situación ya roza lo absurdo. Hay gente que llega a las 4 de la mañana para hacer cola, con la esperanza de conseguir un turno que muchas veces ni siquiera aparece cuando abren la ventanilla. Las filas son interminables: madres con chicos, jubilados con frazadas, trabajadores que deberían estar descansando. Y al final, el sistema AlegraMed termina mostrando lo de siempre: que no hay turnos disponibles para determinadas especialidades. La frustración se acumula. Muchos cuentan que después de horas de espera les dicen que vuelvan otro día o que “todavía no está cargada la agenda”, lo cual multiplica el desgaste de quienes necesitan una respuesta concreta.

El caso Favaloro y las especialidades que se esfuman

El Hospital Favaloro también genera bronca entre los usuarios. En los últimos días empezaron a circular quejas porque la especialidad de urología directamente no otorgará turnos en diciembre y, para colmo, se suspendieron los que ya estaban programados. “Cuando fui a preguntar me dijeron que no saben cuándo volverá a haber turnos. No puede ser que una especialidad desaparezca así sin explicación”, reclamó Rosana Benítez, comerciante de Itaembé Guazú.

Este tipo de situaciones profundiza la frustración. La gente se pregunta para qué sirven los edificios nuevos, los equipos tecnológicos, los anuncios y los carteles si después la atención real queda atada a la suerte. Contar con profesionales capacitados debería ser un orgullo, pero pierde sentido si un paciente tarda dos meses en acceder a una consulta básica.

En el interior, la odisea es peor

Mientras tanto, en el interior la situación es todavía más dura. Muchos municipios no cuentan con especialistas ni con recursos humanos suficientes para tratar casos complejos. Ante cualquier problema un poco más serio la respuesta es siempre la misma: viajar a Posadas. Pero eso no es tan simple como suena. A la falta de profesionales se suma un problema todavía más básico: en varios municipios las ambulancias están en mal estado o directamente fuera de servicio. Traslados urgentes se realizan en móviles deteriorados, sin equipamiento adecuado, o se postergan hasta que aparezca algún vehículo disponible. La precariedad del transporte sanitario hace que situaciones tratables se vuelvan riesgosas.

“El pasaje está caro, a veces no hay colectivos en horarios útiles y uno tiene que faltar al trabajo. Y si encima vas y te reprograman, quedás en el aire”, relató Ramón Barrios, de San Vicente, quien ya tuvo que viajar tres veces a Posadas para intentar conseguir un turno con un neurólogo.

Un reclamo básico que no debería ser tan difícil

Los misioneros no están pidiendo un privilegio ni un trato especial. Están reclamando algo elemental: que el sistema de salud funcione con previsibilidad, respeto y humanidad. Que los turnos no se estiren como un chicle. Que las especialidades no desaparezcan sin aviso. Que la tecnología disponible y el personal capacitado puedan servir realmente a la población.

La salud no es un trámite administrativo ni un número en una lista. La salud es tiempo, es urgencia, es atención real. Y es, sobre todo, un derecho que hoy muchos sienten que se les escapa de las manos.