La decisión de Hugo Passalacqua de competir en las elecciones de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) como candidato a consejero docente en la Facultad de Artes de Oberá abrió inmediatamente múltiples lecturas políticas en la provincia. No se trata solamente de un hecho inédito -un gobernador en ejercicio disputando un cargo de cogobierno universitario ad honorem- sino también de un movimiento que parece enviar señales en medio del reordenamiento interno que atraviesa el oficialismo misionero.
El anuncio sorprendió incluso dentro del propio oficialismo. Passalacqua confirmó que participará de los comicios universitarios del próximo 10 de junio representando al claustro docente, espacio al que está habilitado a integrar gracias a su licencia sin goce de haberes en la UNaM. Su regreso a la vida académica no pasa desapercibido: la Facultad de Artes fue el lugar donde construyó buena parte de su carrera profesional y donde incluso llegó a ocupar el cargo de vicedecano.
Pero más allá del dato institucional, el gesto político tiene otro peso específico. En la provincia hace meses circulan especulaciones sobre una eventual nueva candidatura de Passalacqua a la gobernación en 2027, posibilidad para la que está constitucionalmente habilitado. Sin embargo, esta irrupción en la política universitaria parece correr el foco hacia otro lugar y deja abierta una pregunta inevitable: ¿está el gobernador empezando a desmarcarse de una nueva carrera provincial?
La jugada aparece además en un contexto de crecientes rumores sobre tensiones internas dentro del oficialismo. En el mundo político misionero hace tiempo se comenta una supuesta distancia entre Passalacqua y Carlos Rovira, conductor del espacio. Esa lectura comenzó a alimentarse en las últimas reuniones políticas encabezadas por Rovira en la Legislatura, donde distintos dirigentes y posibles candidatos fueron mencionados públicamente, pero el nombre del actual gobernador prácticamente no apareció en escena.
En paralelo, Encuentro Misionero -la nueva identidad política impulsada por Rovira- empezó a mostrar una fuerte reorganización de liderazgos, discursos y posibles postulantes de cara a la próxima etapa electoral. En ese esquema, la figura de Passalacqua quedó envuelta en un silencio llamativo para alguien que hoy ocupa la máxima responsabilidad institucional de la provincia.
Por eso, su desembarco en las elecciones universitarias puede leerse también como una forma de reposicionamiento personal y político. Una señal de autonomía. Un regreso a sus raíces académicas. O incluso una manera de mostrarse por fuera de la lógica tradicional de armado electoral que ya comenzó a moverse dentro del oficialismo.
Mientras tanto, en la UNaM el escenario para el Rectorado parece prácticamente resuelto. La lista oficialista encabezada por Sergio Katogui y Gisela Spasiuk competirá sin oposición, dejando gran parte de la atención política concentrada justamente en Oberá y en la candidatura del gobernador.
A más de medio año de 2027, cada movimiento empieza a tener lectura política. Y en Misiones, donde pocas señales son casuales, la decisión de Passalacqua de volver a competir —aunque sea dentro de la universidad— ya empezó a mover el tablero.
