Una investigación desarrollada en Estados Unidos reveló que el uso de cabinas de rayos UVA triplica el riesgo de desarrollar melanoma, el tipo de cáncer de piel más agresivo. El estudio, encabezado por Northwestern Medicine y la Universidad de California, demostró cómo estos dispositivos generan alteraciones en el ADN que favorecen la aparición de lesiones cancerígenas en amplias zonas del cuerpo.
El melanoma es el cáncer cutáneo con mayor tasa de mortalidad a nivel mundial y provoca más de 55.000 muertes por año. Se origina a partir de daños en los melanocitos, las células responsables de producir el pigmento de la piel, que bajo determinadas condiciones se transforman en células altamente agresivas.
Si bien la radiación ultravioleta artificial ya era considerada un factor de riesgo, hasta ahora no se había logrado demostrar con precisión el mecanismo biológico involucrado. Los resultados, publicados en la revista Science Advances, confirman de manera concluyente el vínculo entre las camas solares y el desarrollo de melanoma.
Para el trabajo, los investigadores analizaron los registros médicos de más de 32.000 pacientes atendidos en una clínica dermatológica. De ese total, más de 7.400 habían utilizado camas solares. La incidencia de melanoma en ese grupo fue del 5,1%, frente al 2,1% registrado entre quienes nunca recurrieron al bronceado artificial. Además, se detectó que el riesgo aumenta a medida que crece el número de sesiones.
El estudio también evidenció que la radiación de las cabinas afecta zonas del cuerpo que normalmente no reciben sol, como la espalda baja, los glúteos y el tronco. En esos sectores se identificaron melanomas múltiples, un patrón que suele observarse en casos asociados a predisposición genética.
Para profundizar los resultados, el equipo realizó biopsias de piel sana en usuarios intensivos de camas solares y las comparó con muestras de personas que no se exponían a este tipo de radiación. El análisis mostró que los melanocitos de quienes se bronceaban en interiores presentaban el doble de mutaciones, incluso en áreas sin lunares visibles.
A partir de estos hallazgos, los investigadores advirtieron sobre la necesidad de reforzar las políticas de prevención y regulación. Entre las propuestas, plantearon establecer advertencias sanitarias visibles y avanzar hacia restricciones más severas, especialmente para menores de edad, ante la magnitud del riesgo demostrado.