La empresa San José volvió a desatar el enojo de los usuarios del transporte urbano en Posadas tras aplicar un recorte de frecuencias en la segunda semana de diciembre, cuando la actividad sigue siendo alta, hay escuelas abiertas, exámenes universitarios y comercios trabajando con gran movimiento.
Sin aviso previo, varias líneas pasaron a funcionar como si fuera sábado, con frecuencias de 30, 40 minutos o más y, en algunos casos, esperas de hasta una hora. También hubo ramales que ahora circulan cada dos horas o tres.
El impacto se vio desde las primeras horas del día: paradas saturadas, unidades repletas y pasajeros furiosos. Para muchos, esto vuelve a confirmar un patrón repetido de San José, que ya ha recortado servicios en otras oportunidades sin explicación e incluso en simples días de llovizna.
“Estamos en diciembre, no en vacaciones. Mis hijos siguen en la escuela y yo sigo trabajando. No pueden hacer esto de un día para otro”, expresó un vecino de Villa Cabello, que estuvo más de 40 minutos esperando una unidad que llegó completamente llena.
En la zona del cementerio, las quejas también se multiplicaron. “Todavía hay exámenes, todavía hay actividad por todos lados y ellos recortan como si la ciudad estuviera vacía. No avisan nada y la gente se amontona en las paradas”, señaló una vecina que vio pasar dos colectivos sin poder subir.
Los trabajadores del microcentro experimentaron la misma situación. “Estos recortes siempre se hicieron en enero, cuando hay menos movimiento. Ahora estamos todos en plena actividad. San José hace lo que quiere y nadie le pone un freno”, comentó un residente del centro, que terminó llegando tarde a su empleo.
El enojo aumentó por la eliminación sorpresiva la casi eliminación de algunos ramales, lo que complicó aún más el desplazamiento de quienes dependen del servicio para estudiar, trabajar o asistir a turnos médicos. “Sacaron un ramal entero, así sin comunicar nada. Somos rehenes de esta empresa”, afirmó un usuario habitual.
Muchos vecinos también responsabilizaron al Municipio, en especial al área de Movilidad Urbana: “No hay control de nada. San José corta frecuencias cuando quiere, con lluvia, sin lluvia o como ahora, porque le conviene. El Estado municipal deja que hagan lo que quieran”, sostuvo un pasajero visiblemente molesto.
Resulta llamativo que en una capital provincial una empresa pueda operar entre semana con un esquema propio de sábado, aun con la ciudad funcionando a pleno. Con clases, exámenes y comercios activos, el recorte sorprendió por su falta de lógica.
Para los usuarios, esto expone un problema mayor: San José toma decisiones sin aviso ni supervisión real, algo difícil de imaginar en otras capitales donde el transporte urbano es tratado como un servicio esencial.