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Passalacqua vs Rovira: la doble conducción que empieza a generar preguntas en Misiones

31 de mayo de 2026

Mientras el gobernador recorre municipios y administra la gestión diaria, Carlos Rovira concentra los principales anuncios políticos, económicos e institucionales de Misiones. La dinámica reavivó especulaciones dentro de la propia ex Renovación, donde algunos sectores empiezan a leer una disputa silenciosa por la centralidad del poder y el armado hacia 2027.

Hace tiempo que en la política misionera no se veía una división de roles tan marcada. De un lado, Hugo Passalacqua aparece inaugurando obras, recorriendo municipios y gestionando en un contexto económico complejo. Del otro, Carlos Rovira monopoliza los anuncios de mayor impacto político desde las reuniones semanales de Encuentro Misionero.

La situación comenzó a llamar la atención incluso dentro del propio oficialismo. En las últimas semanas, Rovira anunció una reforma electoral, modificaciones a la Ley de Lemas, proyectos de Ficha Limpia, beneficios impositivos para la yerba mate, iniciativas energéticas y hasta la posibilidad de emitir un bono provincial para financiar infraestructura.

Son medidas que, en cualquier provincia, serían comunicadas por el gobernador o por integrantes de su gabinete. En Misiones, sin embargo, las novedades más importantes salen desde un ámbito político-legislativo conducido por Rovira.

La foto empezó a generar ruido.

El punto de inflexión fue el encuentro de intendentes realizado en Ruiz de Montoya. Allí, los jefes comunales firmaron un documento reclamando unidad política y fortalecimiento de la conducción. Pero detrás de esa declaración formal aparecieron mensajes mucho más interesantes.

Varios dirigentes deslizaron la necesidad de una conducción más presente en el territorio, una señal que muchos interpretaron como un pedido directo hacia Rovira. Sin embargo, simultáneamente, manifestaron en el comunicado el respaldo a una eventual candidatura de Passalacqua para 2027.

El dato no es menor.

Porque mientras una parte del oficialismo busca reforzar el liderazgo histórico de Rovira, otra parece empezar a construir volumen político alrededor de la figura del actual gobernador.

En ese contexto, las reuniones de Encuentro Misionero adquirieron una dimensión distinta. Ya no funcionan solamente como espacios de debate interno. Se transformaron en el principal escenario desde donde se define la agenda pública de la provincia.

Esa centralidad también comenzó a expresarse en términos simbólicos. Las reuniones partidarias se realizan en el Salón de las Constituciones de la Cámara de Representantes, un espacio que históricamente fue utilizado para actividades institucionales del Poder Legislativo, presentaciones oficiales y actos vinculados a la vida parlamentaria provincial.

El dato no pasa inadvertido dentro del propio oficialismo. Para algunos sectores, la utilización de un ámbito institucional para la construcción de agenda política refuerza la percepción de que Rovira ejerce una conducción que trasciende largamente el rol legislativo. Para otros, simplemente refleja la continuidad de un liderazgo que durante más de dos décadas ordenó al espacio político sin mayores cuestionamientos internos.

Algunos dirigentes sostienen que se trata de una estrategia deliberada para ocupar el centro de la discusión política y dejar sin margen de maniobra a la oposición. La explicación tiene lógica: varios de los temas que venían impulsando libertarios y opositores terminaron siendo absorbidos por el propio oficialismo.

Sin embargo, otros observan una lectura diferente.

Entienden que detrás de la sucesión de anuncios existe una necesidad de recuperar protagonismo político en un momento donde la figura institucional de Passalacqua mantiene altos niveles de aceptación y donde comienza a instalarse, aunque nadie lo admita públicamente, la discusión sobre la sucesión provincial.

Las diferencias todavía no afloran de manera abierta, pero empiezan a manifestarse debajo de la superficie. Entre los sectores que impulsan una eventual reelección de Passalacqua crece el cuestionamiento respecto de que siga siendo Rovira quien termine definiendo las candidaturas y los principales movimientos electorales del espacio. En ese planteo aparece, por primera vez en muchos años, una discusión sobre los mecanismos de liderazgo y construcción política dentro del oficialismo.

Del otro lado, los dirigentes más alineados al conductor renovador consideran que cualquier intento de revisar la conducción constituye una señal de deslealtad. Sostienen que un liderazgo exitoso no debería ser objeto de discusión y recuerdan que la estabilidad política del espacio durante más de dos décadas se apoyó precisamente en la capacidad de Rovira para ordenar los distintos sectores internos.

Pese a esas diferencias, Passalacqua no exhibe señales de ruptura. Su estrategia parece orientada a fortalecer su perfil de gestión dentro del mismo esquema político, consolidando poder territorial y acumulando respaldo para eventualmente consensuar con Rovira una posible pretensión reeleccionista.

En paralelo, varios intendentes comenzaron a multiplicar reuniones y contactos territoriales. Formalmente se presentan como espacios destinados a fortalecer la unidad y coordinar acciones de gobierno, aunque dentro del oficialismo pocos desconocen que también funcionan como ámbitos para debatir estrategias futuras y consolidar una base de respaldo político propia.

Por su parte, Rovira impulsa una dinámica que algunos observan como una agenda de gobierno paralela. Los anuncios semanales, la definición de temas estratégicos y la incorporación de nuevas demandas a la agenda pública parecen apuntar a una nueva etapa política del misionerismo, ampliando su representación en un escenario cada vez más competitivo.

Por ahora nadie habla de ruptura. Tampoco de enfrentamiento abierto.

Pero en una fuerza política que históricamente se caracterizó por la disciplina interna y la verticalidad, el simple hecho de que empiecen a discutirse liderazgos, protagonismos y candidaturas ya constituye una novedad.

Las interpretaciones sobre este proceso son diversas. La mirada más pesimista sostiene que el misionerismo podría estar transitando los últimos años de su etapa dominante y que la discusión interna corre el riesgo de desplazar de la agenda las preocupaciones reales de la sociedad misionera.

La visión más optimista ofrece una lectura distinta. Entiende que toda fuerza política necesita evolucionar, renovar liderazgos y debatir estrategias para evitar el desgaste propio de los ciclos largos de poder. Desde esa perspectiva, la competencia interna no necesariamente representa una amenaza, sino una oportunidad para adaptarse a una nueva etapa.

Lo que nadie sabe todavía es cómo terminará esta historia. La experiencia política argentina ofrece numerosos ejemplos de gobiernos que terminaron consumidos por sus propias internas. El desafío para la Renovación consiste en evitar que la disputa por el poder termine subordinando la gestión. Porque si algo suele castigar la sociedad, es cuando las peleas políticas dejan de ser una herramienta para gobernar y pasan a convertirse en un fin en sí mismo.

Y cada jueves, cuando Rovira vuelve a ocupar el centro de la escena con anuncios que exceden ampliamente el rol legislativo, las preguntas dentro del oficialismo se multiplican: ¿se trata de una estrategia para fortalecer al gobierno o de una demostración de quién sigue teniendo la última palabra en Misiones?